9 de agosto de 2009
Bajando el Alto de la Cruz, en un cruce, nos encontramos con un paisano de 92 años, que nos cuenta batallitas sobre la guerra civil (textual) y nos dice qué desvió tomar para llegar a Gijón. Cuando estamos hablando con él llega Jon, que había salido dos horas después que nosotros de Sebrayo. La bajada por el camino que nos indicó el paisano es complicada, con bastante barro y en ocasiones muy estrecho y con plantas en medio. Aquí es donde me hago con un palo para no resbalar. Al terminar la bajada está Casa Pepito, donde paramos y nos tomamos una cerveza con Jon. Como él tiene prisa, continúa y nosotros nos quedamos comiendo algo y descansando. Comemos pastel de cabracho y cecina, y cuando estamos terminando aparece Elena. Estamos muy cansados, pero seguimos con mucha moral porque ya queda poco.
Elena habla mucho, pero se hace más llevadero y nos da instrucciones para curar la ampolla que le ha salido a Luis. Después de varias paradas y alguna “subidita” más, divisamos por fin Gijón… ¡no queda nada!.
Llegamos a Cabueñes y ya se ve Gijón de cerca. Cabueñes está lleno de carteles: “SOS CABUEÑES; PAREMOS EL MURO”, y también está lleno de lujosos hoteles en grandes parcelas. El Camino nos lleva paralelos a Gijón un montón de kilómetros y el p… Cabueñes no termina nunca. Pasamos por una casa y un señor nos ofrece dos botellas de litro y medio de agua (más peso), pero sólo le cogemos una, y bebemos de ella muy agradecidos. Paramos a tomar algo ya desesperados en una terraza que vemos, y tras tres horas de andar por Cabueñes llegamos a una parada de autobús urbano, que nos dejará cerca del Albergue Juvenil. ¡Ahora sí que no queda nada! Luis se echa una cabezadita y yo casi, pero Elena sigue hablando y no puedo. Por fin, y después de una gran vuelta por Gijón, llega nuestra parada… Oh, my God?, otra cuesta. No podemos con nuestros pies, pero llegamos por fin a una casona muy bonita.
Yo aparte de los pies tengo escocida la ingle y parte de las nalgas, porque como he engordado tanto este tiempo, los calzoncillos que llevo me están pequeños (joe, anda que no os estoy contando intimidades, espero que nos os descojonéis de mí en mi cara, sed buenos y hacedlo cuando yo no esté).
Por fin llegamos al albergue juvenil y nos dan habitación, la V12. De repente, Elena desaparece, y cuando llegamos a la habitación nos la encontramos dentro, y ya ha elegido la mejor cama. Nos duchamos y vamos a comprar algo. Mientras me estoy duchando hay un peregrino vacilando de las tías con las que se ha enrollado en el Camino. Coincidimos con una pareja de novios que están haciendo el Camino y que cuando lleguen a Santiago se van a casar; qué pareja tan guay, espero que el Camino refuerce sus vínculos de unión y el esfuerzo se vea recompensado por la fuerza del Amor.
De camino a algún sitio donde cenar, paramos en una farmacia y compramos Labocane, para las escoceduras. Preguntamos en la farmacia donde podemos cenar, y nos recomiendas varios sitios, Elegimos una sidrería, donde cenamos 2 botellas de sidra, pulpo a la gallega muy rico y filete con patatas (Inés) y escalope con patatas (yo). Encendemos el móvil y recibimos varios mensajes. Hablamos con Geli y llama mi madre (con la que hablo yo, claro).
Nos dormimos, y como es albergue juvenil, no se puede evitar que vengan dos chicas a las cuatro y pico de la mañana, con la consiguiente molestia a los que estamos durmiendo.
Yo duermo muy bien, tanto, tanto, tanto que ni me entero de los “bichos” que me pican en la cara, el brazo y la pierna. Cada vez me cuesta más bajar de la litera…
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2 comentarios:
Ha estas alturas imagino que todos se habrán dado cuenta de que mis comentarios son los que van escritos en verde....
A estas alturas...si, ya se que es sin HACHE...me ha dekjado Luis tan absorta en el camino.......que se me fue la pinza.
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