jueves, 10 de septiembre de 2009

CAMINO DE SANTIAGO 2009. DÍA 10: RIBADEO - RIBADEO


16 de agosto de 2009

Hoy es San Roque, fiesta en el barrio donde estamos hospedados, y además lo declaramos “Día sin pulpo”. Luis necesita una cura de pulpo porque está empezando a convertirse en uno, sus brazos cada vez se parecen más a unos tentáculos.

Nos levantamos a las 9 y pico, tras remolonear un rato ahora que se puede y decidir qué hacer. Tras contemplar las distintas posibilidades, pensamos ir mañana a Mondoñedo en autobús, de ahí a Villalba al día siguiente, también usando transporte público, y luego estar un par de días en Arzúa, en una pensión que nos ha dicho Rosa y que hemos reservado ya por teléfono, porque Arzúa es la confluencia del Camino del Norte con el Francés y suele estar lleno en ese mes sobre todo, y ya en Arzúa ver si podemos seguir andando para por lo menos llegar a Santiago a pie. Buscamos un bar donde desayunar tostadas y zumo de naranja, e intentar secar el móvil de Inés en el secador de manos. Tras ver varios bares que no nos convencen, entramos en uno que parece lo suficientemente fino como para hacer todo eso y, ¡oh, sorpresa!, no tienen ni secador, ni tostadas, ni zumo de naranja. Y encima la mesa donde nos sentamos está coja; pero no todo es malo y por lo menos Inés puede ir al baño. Desayunamos croissants con té (Inés) y batido de chocolate (yo), amenizados por la Santa Misa que sintoniza la televisión que tenemos al lado. Luis comenta que está muy bien eso de venir al bar para ver un partido, y también la misa, ¿por qué no?

Tiramos para el puerto para ver la ría, el mirador y el albergue de peregrinos. Sorpresa, la pareja de novios que se van a casar en Santiago siguen en el albergue… ¿o acaban de llegar?


Vemos la salida del pasacalle de San Roque, y tras estar un rato con los gigantes y cabezudos, y el resto de los disfraces, vamos a un mirador a ver la ría y divisamos una calita con un señor bañándose y un cormorán que se está poniendo hasta arriba de peces y haciendo sus largos de buceo. Bajo luego a la cala para hacerle fotos de cerca al cormorán, pero cuando estoy a medio camino veo que el cormorán se ha ido, así que me doy media vuelta, y nos vamos a comer a un restaurante del puerto con menú a 8 euros. Pasa un señor vendiendo lotería de la ONCE, le preguntamos por el número que ha salido en el sorteo del día 15, y constatamos que no nos ha tocado nada. Comemos espárragos y sardinas (¡POR FIN!), y de regreso damos un paseo por el puerto y vamos a comprar gel, que se nos va a terminar, y compramos in extremis y a oscuras (están cerrando la tienda) un gel de pachuli y lavanda (espero que no les muera ningún músico).

Antes de subir a la habitación para descansar, nos tomamos un orujo de hierbas (de los de verdad)en el bar de la pensión, y como está muy fuerte, pedimos más hielo para rebajarlo. Cuando me lo sirven, en mi copa cae una mosca junto con el hielo (debería estar congelada), y la chica que me ha puesto el hielo, supongo que una de las hija de Lorenzo, la de menos luces, lo saca con una cucharilla y me da la copa. Alucino de tal forma que no soy capaz de reaccionar, y me bebo el licor. Lorenzo nos dice que están en la pensión nuestras amigas de ayer (Ainara y Marta) y al rato aparecen, que vienen de dejar las bicis que han alquilado para dar un paseo por Ribadeo.

Terminamos los licores y nos vamos a la habitación a descansar, y echar una siesta de 3 horas, tras la cual me ducho y lavo algo de ropa. Cuando vuelvo a la habitación, ha llamado Rosa y hemos quedado con ellos en la estación de autobuses. Son las 6:45 y a las 7 cierran la taquilla, así que voy corriendo a la estación para mirar horarios de autobús y comprar billetes para Mondoñedo. Llego a la estación en tiempo record (plusmarca personal), y resulta que no los vende Alsa, sino otra empresa que no tiene taquilla abierta, por lo que lo único que puedo hacer es mirar los horarios que tienen en el cristal, y ver que sale a las 14:15. Vuelvo a la pensión, ya más despacio, tiendo la ropa que lavé en el tendedero que muy amablemente me han dejado usar los dueños del hostal, y nos dirigimos a la estación de autobuses a recoger a Rosa y familia, y como llaman diciendo que llegan tarde, nos tomamos unas cervecitas con cacahuetes (como los monos) en el bar de la estación. Llama Rosa entonces diciendo que están en la Plaza del pueblo, y hacía ahí vamos, donde les encontramos, y el abrazo que se dan Inés y Rosa es digno de la mejor película de los años 50.

Cenamos Rosa, Rai (su marido), Sara (la hija mayor) y Aurora (la hija pequeña), Inés y yo, en la ya famosa pulpería que nos gustó tanto la primera vez que la vimos, en la que ya habíamos reservado mesa, y tomamos raciones de pulpo, calamares, chipirones y pimientos del padrón, que el que picaba, picaba de verdad, y los que no, picaban un poquito. Me toca uno que pica, tanto que hasta me da hipo, y Sara me lo quita con un remedio que sabe, agarrándome las muñecas y recitando un conjuro mágico. Bueno, lo del conjuro me lo he inventado, pero venía muy bien al caso, lo “único” que tuve que hacer fue aguantar la respiración un rato.

Tras la entrañable cena, llena de risas y buenos momentos, nos despedimos de ellos y nos vamos al Bar Galicia a tomar una copa (sin Edgar) y poner al día el cuaderno de aventuras.

Ha sido fantástico ver a Rosa y familia, me cargan las pilas sus abrazos. Hay que ver, tan cerca que estamos en la sierra y nos vemos aquí, en Ribadeo.

Regresamos a la pensión y nos encontramos con Lorenzo (todo un personaje) que nos dice que Villalba no tiene nada que ver y es mejor que vayamos a Lugo, que tiene una muralla y un museo provincial muy bonitos. Subimos a la habitación y nos encontramos a Ainara preguntando por el centro de salud, porque tiene una ampolla que le duele mucho y teme que esté infectada. Las acompaño, y en el centro de salud, yo creo que vacilándola, le amenazan con ponerle la antitetánica, y como dice que no, se la pinchan y ven que no está infectada, y tras curarla y decirle que han llegado a ese centro de salud pies en muy peores condiciones (pero no son de Barbie), nos volvemos a la pensión, ya a dormir.

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martes, 8 de septiembre de 2009

CAMINO DE SANTIAGO 2009. DÍA 9: RIBADEO - RIBADEO


15 de agosto de 2009

Ya sin hora para despertarnos, nos levantamos sobre las 9, tras remolonear un buen rato en la cama Nos vestimos y salimos para desayunar. Por no ir en el mismo sentido que ayer, propongo ir hacia el otro lado, pero no hay apenas nada, y tras dar una vuelta a la manzana, terminamos en un bar cerca del hostal, donde desayunamos, tostadas, leche con cacao y té. Al terminar vamos a un parque al lado de la oficina de turismo a esperar que abran escribiendo este diario. Cuando abren solicitamos información para ver algo que no nos haga andar mucho y nos proponen ir en tren a la Playa de las Catedrales. Vamos después a recoger la ropa que dejamos para lavar, y hablando con la chica de la lavandería, nos dice que vayamos a Vivero, que está en fiestas; es otra buena propuesta que debemos reconsiderar.

Dejamos la ropa limpia en el hostal y de ahí vamos a la estación de tren a mirar los horarios, por si es factible la excursión a Vivero. Como para una tarde es un viaje un tanto largo, decidimos ir a la Playa de las Catedrales. Vamos más tarde a mirar el sitio que nos gustó tanto ayer, y cuando llegamos, a las 12:45, ya está lleno, pero nos tomamos en la calle un pulpo exquisito y una jarrita de Ribeiro. Después vamos a una pulpería a tomar pulpo al ajillo con gambas (también muy rico) y de ahí a la estación FEVE a coger el tren para la Playa de las Catedrales. Preguntamos en la estación cuál es la mejor parada para la playa, y nos dice la Jefa de Estación, una galleguiña muy dicharachera, que mejor preguntemos al revisor, porque se conoce mucho mejor la zona. Cuando entramos en el tren se lo preguntamos, y nos dice que la parada más cercana es Esteiro, pero Esteiro es una parada facultativa, y cuando llegamos a Esteiro, el tren no para. Voy a decirle que por qué no paró, y me contesta que yo sólo pregunté, no le dije que parara ahí, y luego hablando con el conductor le dice: “Si fuera más listo no estaría en el FEVE, estaría en la NASA”. Bajamos en la siguiente parada, que es Reinante, y desde ahí vamos a la primera playa que vemos, caminamos por al agua para refrescar los pies, y aprovecho para hacer fotos a las olas a ras del agua, tan a ras del agua que en una ocasión, una ola se abalanza sobre mi bolsito y la moja toda, con tan mala fortuna que da de lleno en el móvil de Inés, que me lo había dejado para que estuviera más seguro. La respuesta del móvil ante tal baño no se deja esperar, y se pone a tiritar (supongo que de frío), incluso aunque lo apaguemos, así que tenemos que quitarle la batería para que se esté quieto. En resumen, me lo he cargado.

Terminamos el paseo por la playa y nos echamos un rato en la arena; Inés se duerme la siesta, yo me baño y luego me voy por un paseo de madera que va hacia la Playa de las Catedrales. Pero en un mirador salto la vaya del paseo y voy por un caminito a hacer más fotos cerca del acantilado, y ahí veo las construcciones rocosas que dan nombre a dicha playa. Luego para volver al paseo de madera tengo que hacerlo por medio de plantas y arbustos, y salto de nuevo la valla (ahora hacia dentro) en una zona bastante transitada, con la consiguiente mirada de asombro de los que por ahí pasan (que no saben lo que se pierden al no hacer lo que yo). Vuelvo donde Inés y regresamos a la estación FEVE para retornar a Ribadeo, pensando en ir al día siguiente a Viveiro para ver las fiestas.

Llegamos a Ribadeo y vamos al hostal, pero nos quedamos en la terracita que tiene tomando unas cervezas. Hablamos un poco con Lorenzo, que así se llama el dueño de la pensión y le comentamos nuestra idea de ir mañana a Viveiro, pero nos dice que ni se nos ocurra, que son las fiestas y estará hasta arriba de gente, no se va a poder ni andar y no habrá sitio para nada. Cuando le decimos que la idea es ir y volver en el mismo día, ya no está tan mal Viveiro y no es tan mala idea ir. Se le ha visto el plumero. Cuando estamos tomando las cervecitas nos encontramos a Ainara, Marta, Vincent y Ángel, que han llegado hoy a Ribadeo y están hospedados en el polideportivo. Se sientan con nosotros a tomar algo y quedamos para cenar con ellos después de la ducha. A la hora convenida no están en la terraza del hostal, y como suponemos que tardan porque hay mucha cola para sellar las credenciales, vamos al polideportivo a buscarles. A medio camino nos los encontramos y nos vamos todos a cenar a un restaurante cercano a la pensión, entre otras cosas unas raciones de pulpo (para variar), y después nos vamos a tomar unos gin tonics a un restaurante reconvertido en lugar de copas. Y de ahí a dormir, por lo menos nosotros.

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