miércoles, 22 de febrero de 2012

DILEMA



Dormir o mirarte... el dilema que me ocupa en esta noche en la que todo duerme a mi alrededor. La ciudad está en silencio, el cuarto en penumbra, y entre la oscuridad puedo ver tu rostro, también durmiendo.

Tus ojos cerrados exhalando paz, tu pelo sedoso enredado en mi mano, tu nariz acompasando la respiración, tu boca entreabierta dejando salir algún suspiro, tu barbilla apoyada en mi hombro, tu cuello colmando de suavidad la sábana que lo cubre, y que cuando se desliza deja entrever la desnudez de tu pecho. De repente te das la vuelta y ante mis ojos aparece tu espalda; tan bella como sensible, tan grácil como tentadora. Sucumbo a la tentación y te beso en el hombro. Tu boca deja escapar un gemido de estremecimiento que me estremece. No quiero despertarte y me separo un poco... me conformo con seguir mirándote y admirándote.

Dormir o mirarte... retorna el dilema. Son las cuatro de la mañana y trabajo al día siguiente, pero no puedo dejar de contemplarte, más aún cuando vuelves a mostrar tu cara tras un nuevo giro de tu cuerpo. Veo la serenidad reflejada en tu faz, la ligera sonrisa que tus labios muestran, la ternura de tus rasgos, la belleza de tus senos, ahora descubiertos por el capricho de la sábana... jamás podría haber disfrutado tanto de lo que veo con tan poca luz.

Pero ya son las cuatro y media y debería dormir, a pesar de que me cuesta tanto dejar de observarte, de aprenderte de memoria, por si no volvieras... una vez más el dilema: dormir o mirarte.

Y te miro de nuevo, te admiro, te contemplo, te aprendo... hasta que mis ojos se cierran vencidos por el sueño y al final me duermo soñándote dentro de mi corazón, y te sueño soñándome dentro de tu corazón.

Dilema resuelto.