Este domingo estuve en la Quinta de los Molinos con unos buenos amigos viendo los almendros en flor (ver fotos). Aparte de la belleza plástica que tiene un almendro en flor, en que se conjunta el verde de las primeras hojas con el marrón a veces, otras veces casi gris, del tronco y ese morado tan claro y blanco de sus flores, está el embriagador olor del que se puede disfrutar mientras paseas al lado.
Pero hay algo, oculto si sólo vas a ver las flores, que me ha hecho reflexionar estos días. Curiosamente, ese día fue el del reencuentro, tras casi diez años, de dos viejos amigos. Comentábamos mientras íbamos en el coche que es como si no hubiese pasado el tiempo, como si se hubieran visto hace tres días. Un salto de diez años que parece que nunca han transcurrido, para volver a estar ahí, disfrutando una amistad que pareció enfriarse por las circunstancias de la vida, pero siempre ha estado latente, esperando un golpe de fortuna, un hecho milagroso, o bien un puente trabajado, que haga de repente explotar esa amistad, como explota la flor del almendro.
Porque en el fondo así es el almendro. En verano, tras dar sus frutos y despojarse de su peso, continúa verde hasta que el viento del otoño va arrancando sus hojas y despojándolo de su vestido estival. Llega el invierno y nos encontramos al almendro mustio, sin hojas, con unas ramas estrechas que parecen incapaces de resistir las inclemencias del tiempo. Pero no sólo lo resisten, sino que lo necesitan. El almendro necesita los días fríos del invierno para florecer, para dar su fruto. Y precisamente cuando más duro es el invierno, cuando más frío hay a su alrededor, es cuando el almendro está preparando la flor. Y al finalizar aquél, dando la bienvenida a la primavera, de pronto explota y se cubre de flores, de vida, de olores… como esas amistades que parecen perdidas, y un día, como por arte de magia, reaparecen con la misma fuerza de antaño.
Ojalá también haya amores que tras haber sufrido el frío del invierno, vuelvan a brotar en algún momento de la vida con fuerza e intensidad.