lunes, 16 de noviembre de 2009

Las hipocresías de la O.N.U.


A veces me hace gracia (por decir algo) la Organización de las Naciones Unidas. Sí, más que gracia, a veces me provoca unas ganas de llorar tremendas.

Veamos algunos organismos que dependen de la ONU: Fondo Monetario Internacional, ACNUR (organización para los refugiados políticos y de guerra), FAO (alimentación), OMS (salud, recientemente galardonada con el premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional). Con éstos es suficiente.

¿Qué sucede si el FMI elabora una propuesta? Es de obligatorio cumplimiento por todos los países, con el riesgo de duras sanciones si no es cumplido. Gracias al FMI, hay países que se pasan toda la historia pagando los intereses de la deuda externa a los países ricos, sin decrecer nunca esa deuda externa. Del tema de por qué tienen esa deuda hablaré en otra entrada más adelante. Es decir, el FMI es un fondo de consolidación de la riqueza de los países que más tienen, en vez de ser un fondo de reparto de riquezas, como debería ser. Primera hipocresía de la ONU.

¿Qué sucede cuando la OMS, la FAO, el ACNUR, o algún estamento similar elabora una propuesta? Por ejemplo, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el tema del 0’7% del PNB, la “mediación” en el conflicto Palestino-Israelí, el tema del negocio de los fármacos, el cambio climático, animales en peligro de extinción, los monocultivos (aunque creo que por ese tema ni se han pronunciado), etc. La propuesta, si se aprueba porque los países ricos la aceptan, que muchas ni se aprueban porque no interesa a los ricos, aunque sea buena para el resto (segunda hipocresía de la ONU) se convierte en una recomendación que se puede cumplir o no, y en el más flagrante de los casos, se puede apercibir de sanción al país que se sobrepasa con el tema, pero no va más allá. Es decir, importa más el dinero que el resto, importa más el presente que el futuro (craso error). Tercera hipocresía de la ONU.

Es decir, la ONU sirve para que los países ricos no dejen de ser ricos, y los países pobres, no dejen de ser pobres. El problema está en los países que no somos ni ricos ni pobres, que somos carne de cañón para, si no servimos a los países ricos, convertirnos en países pobres.