viernes, 4 de septiembre de 2009

CAMINO DE SANTIAGO 2009. DÍA 8: A CARIDAD - RIBADEO


14 de agosto de 2009

Nos levantamos a las 5, preparamos todo ya las 5:40 salimos, tras haberle dado una flor que cojo en las inmediaciones a Inés porque cumplimos hoy 10 meses de “proyecto” (o algo así). Inés tiene molestias en el pie nada más empezar, pero aguanta.

El camino es más o menos como el resto de Asturias (que hoy dejamos atrás), usando la intuición en varios cruces, pero afortunadamente esta vez la usamos bien. Pero como iba siendo demasiado fácil, en Porcia el Camino se corta de repente a consecuencia de unas obras en el puente que cruza el río, obras que no están anunciadas en ningún sitio previamente, ni preparado un desvío provisional y cosas así que se suelen hacer cuando se interrumpe una carretera. Tras dar varias vueltas por la zona buscando un sitio donde cruzar el río sin tener que volver a la carretera nacional, saltar una tapia, meternos en la parcela de una casa y terminar siempre al pie de la ermita de Porcia, que es donde se corta el Camino, nos quedan dos opciones: desandar lo andado y cruzar el río por la Nacional, o saltar la valla de las obras, trepar por el puente en obras y cruzar el río por ahí. Como para atrás ni para tomar impulso, tomamos la segunda opción.

Seguimos por el Camino y nos encontramos de nuevo con un desvío mal señalizado. Como Luis ha parado a hacer fotos (para variar), yo continúo (es peor el dolor cuando estás parado). Giro a la derecha y cuando llega Luis al cruce me avisa que es por la izquierda. ¡Ni una p… señal soy capaz de ver con el dolor de pies que tengo!

No es que Inés no vea la señal, es que habían quitado una concha para desviar el Camino al pueblo que tiene albergue privado.

Continuamos andando y ya a las dos horas y media el dolor de Inés en las plantas de los pies es manifiesto, por lo que consideramos hacer una parada. Cuando encontramos un sitio para descansar, Inés está con mucho dolor, y encima se da cuenta de que ha perdido su calcetín favorito, y eso es un duro golpe para su moral. Decidimos ir al pueblo más cercano y ahí coger un autobús para Ribadeo. Llegamos a Tol, descansamos, nos tomamos la cecina con unas cervecitas del único bar del pueblo, que está un poco en las afueras y es hotel con campo de golf, preguntamos por la parada del autobús, y nos dicen que ese pueblo no tiene, hay que ir a la carretera Nacional, y como a unos 2 Km. (cómo no) está la parada.

Como el bar/hotel/golf pilla de camino, tomamos otra cerveza ahí, hablamos con la camarera, y cuando vamos a salir para la parada del autobús nos encontramos con un señor que nos dice que es presidente de una asociación de amigos de Camino de Santiago, así que le exponemos nuestras quejas acerca de la señalización en Asturias, y del puente en obras, y nos dice que eso es cosa de los ayuntamientos. Nos indica un “atajo” asturiano para llegar a Ribadeo, y luego rtas preguntar, el atajo con 2 Km. más que el Camino normal, menos mal que no le hacemos caso.

Después de desearnos buen camino y decirnos que conoce a “San José” (hospitalero de Avilés) tiramos hacia la Nacional, que esta vez sí está a dos kilómetros. En un bar nos indican dónde está la parada del autobús, y después de una gran cuesta llegamos. Descansamos unos tres cuartos de hora esperando el autobús, y después de contar dos veces hasta veinte (con sus respectivas rimas y dos piedras) y con mejor humor, subimos al bus. ¡Sorpresa! Nuestros “peregrinos favoritos” están dentro. Con pinta de turistas nos dicen que están agotados (con sus botas impecables, sin una mancha de barro y tan arregladitos ellos).

Llegamos a la estación de Ribadeo y se me ocurre volver a Gijón en autobús porque este fin de semana está Carlos Casermeiro, así que le llamo, pero al final no ha podido ir a Gijón, así que nos quedamos en Ribadeo. Buscamos pensión, y la primera que encontramos por 30 euros la habitación doble, nos quedamos. Cama de 1,20 y calor, pero no estamos para buscar más.

Dejamos las cosas, y bajamos a comer a un restaurante que nos recomienda el dueño de la pensión, yo guisantes con jamón y escalope, y Luis tortilla de jamón y bocartes, con una botella de vino para echarnos una buena siesta. Después ducha, siesta y a llevar la ropa a la lavandería. El Camino se está convirtiendo en un viaje de lujo, sólo nos falta el descapotable de la presentadora de un programa de viajes que vemos antes de quedarnos fritos.

Después, ante mi insistencia, vamos al médico, y a Inés le diagnostican una fascitis plantar (lo que yo ya sabía el segundo día, y no es por dármelas de listillo, jeje), y le dicen que guarde reposo 2-3 días, y que se toma Voltarén en pastillas. ¡Acabáramos! Y yo pensando que era una débil y una quejita por un simple dolor de pies. Me tranquiliza un poco saber que es algo más, pero siento pena por no poder seguir; lo siento también por Luis. Buaaaa

Tras el médico vamos a un bar (que se llama Galicia, como la pensión) a descansar y a hacer tiempo, y mientras Inés habla con Loreto por teléfono, Edgar (el hijo de los del bar, de unos 5 años) me hace el interrogatorio acerca de Inés y sus pies (se ha descalzado para refrescar los pies). Buscamos luego un sitio para cenar y tras muchas vueltas encontramos “el sitio”, pero ya no cogen mesas porque está a tope. Seguimos buscando y encontramos un bar normalito, pero con ricas raciones (pulpo y lacón) donde por fin podemos celebrar los 10 meses de “proyecto”. Tras cenar nos vamos a la pensión a dormir, llevándonos la agradable sorpresa ed que no hace nada de calor en la habitación.

A las 3 me despierto y me doy cuenta de que tengo que cargar de fotos, y cuando la voy a cargar, con tanto ruido que hago, despierto a Inés. Luego dormimos más o menos bien, con la visita de algún que otro mosquito.

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jueves, 3 de septiembre de 2009

CAMINO DE SANTIAGO 2009. DÍA 7: LUARCA - A CARIDAD


13 de agosto de 2009

Suena el despertador a las 6 de la mañana, pero se está tan bien en la cama sin ruidos externos, excepto el de las gaviotas, que no nos levantamos hasta las 6:30. Nos preparamos, desayunamos en la habitación lo que habíamos comprado ayer en una tiendita típica del lugar y salimos a las 7:10.

Seguimos el Camino y parece que el descanso y las compresas que aconsejó Pilar a Inés van funcionando. La ruta es muy bonita y muy entretenida hasta Navia, con el paso por el país de las moscas asesinas: (una mutación del cruce entre moscas, tábanos y mariposas, menuda orgía se debieron montar), y la emoción al tomar un desvío de saber si es el acertado o no, ya que el mojón o la concha está situado 50 ó 100 metros más adelante. En uno de ellos volvemos al no verlo yo nada claro, y pregunto en una casa, donde me sale un señor en calzoncillos (qué impresión) y me indica el camino correcto. Inés, siempre pensando en los demás, deja una flecha marcando el camino en ese desvío. No podemos olvidar la sesión de barro diaria y un río que casi cruzo por el agua al no ver el puente de madera que estaba 5 metros a la derecha. Y como hecho destacable del día, por fin veo un tractor Valmet, empresa donde estuve trabajando antes de empezar en el Ministerio, y a los que estoy muy agradecido, pero el caso es que hasta la fecha no había visto ninguno en el campo.

En Navia paramos en un parque muy bonito a comer algo y a que Inés se quite las compresas (de las zapatillas) y se cambie de calcetines porque los tiene húmedos, al no tener sus zapatillas gore-tex. A partir de ahí el camino se hace más pesado, parte por ser mayoritariamente una carretera un tanto peligrosa que se cruza varias veces con su correspondiente riesgo, y parte porque el dolor de pies vuelve a torturar a Inés. Además bajando un sendero, por fin sin carretera, nos encontramos con unas ortigas con muy mala leche que se ceban con las piernas de Inés (por ir en mallas cortas).

Cuando vemos un cartel que dice que el albergue está a 2 Km., como no nos fiamos nada de las mediciones asturianas, paramos a descansar y a comer unos bocadillos de lomo con queso. Tardan mucho en servirnos, y parecen un poco bordes, pero el bocadillo está riquísimo. Cuando terminamos seguimos al albergue con la duda de si encontraremos cama, ya que aunque sólo hemos visto dos peregrinos por delante, no sabemos los que habrán llegado en transporte público. Pero tenemos suerte, y cuando llegamos, tras 9 horas y 10 minutos, y 676 metros de desnivel, hay sitio de sobra en el albergue.

Dejamos las cosas y subimos a sellar a una casa azul, y hablamos con la señora que nos sella un buen rato. En la entrada tiene una foto preciosa y antigua, y nos cuenta que es su abuelo y su madre. También sale ella muy elegante con tacones y collar de perlas. Le digo que es muy guapa y se pone presumida, ¡qué mona! Volvemos al albergue, nos duchamos, lavamos y tendemos la ropa, Inés se echa un rato a leer –descubro una ampolla en el dedo anular del pie izquierdo y me lo vendo con tirita de ampollas- y yo me quedo actualizando el diario. Vamos a comprar algo para el desayuno de mañana y después nos damos una vuelta por el pueblo. Nos cruzamos con el profesor que estaba al llegar al albergue, y también en Soto de Luiña. Tiene los pies destrozados por las ampollas y nos cuenta entre lágrimas que abandona, ¡qué pena me da! Le proponemos venirse a tomar algo de despedida, y medio llorando nos dice que no, que se va a acostar ya. De camino al pueblo Inés me da una lección de patinaje, ya que se ha puesto vaselina en los pies y le resbalan las chanclas, lo que hace que le cueste andar bastante, y la estampa es muy graciosa. Vemos a un vendedor de cupones de la ONCE y le compramos un cupón para el sorteo del 15 de agosto: 24066. Llegamos al único sitio donde dan comidas, y resulta que no sirven raciones hasta las ocho y media, y son las siete y media, así que nos pedimos unas cervezas y nos sentamos a escribir el diario.

Inés dice que está un poco decepcionada consigo misma porque no está aguantando como quisiera, pero con este dolor de pies que tiene está portándose de maravilla haciendo estas etapas tan duras como una campeona. ¡Luis es un pelota! Como le digo que no ponga sólo que estoy cansada, malhumorada y que le llevo la contraria… ahora coge y escribe que soy una campeona.

Llegan las 20:30 y después de dos cañas pedimos navajas, revuelto de setas y una caña más (vasos de sidrita, llenos un poquito más de la mitad)… ¡Así no hay manera de bajar la tripa!
Cenamos muy bien, y además, como el bar tiene unos baños estupendos, aprovechamos para hacer nuestras necesidades (y a vosotros qué os importa esto, cotillas) y lavarnos los dientes.

Llegamos al albergue a las diez menos cuarto, nos acostamos, y como a las diez y cuarto hay un grupo en la puerta aún de charlita y risas, les digo que si pueden hablar más bajo, y ya aprovecha la mayoría para acostarse también. Cuando me vuelvo a acostar, se me rompe una lámina del somier, y a media noche, intentando abrir la cremallera del saco, porque hace bastante calor, se me descose un trozo, bonita forma de terminar el día.

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miércoles, 2 de septiembre de 2009

CAMINO DE SANTIAGO 2009. DÍA 6: SOTO DE LUIÑA -LUARCA


12 de agosto de 2009

Aunque teníamos puesto el despertador a las 7, a partir de las 6 de la mañana ya empiezan los ruidos de rigor, y nos levantamos antes de las 7. Preparamos todo y vamos a desayunar al bar donde preguntamos los horarios, que abre a las 7:30. Como a las 7:40 aún no ha abierto, nos vamos a la estación de tren para asegurarnos lo que tardamos y saber dónde está. Cuando volvemos ya está abierto el bar. Entramos y están los chicos de anoche; nos sentamos con ellos, desayunamos y nos comentan que han visto salir al camarero de la casa que está en la iglesia… ¿el camarero es el cura?

Después nos vamos a la estación, y en el camino vemos halcones y escucho el típico sonido de su cortejo, según los programas de Félix Rodríguez de la Fuente, e Inés me llva la conrtaria, diciendo que ese sonido no tiene por qué ser el del cortejo. ¿Cómo es posible que viendo los capítulos de Félix Rodríguez de la Fuente, Luis sepa distinguir el sonido que hace un halcón para cortejar? Llegamos a la estación, esperamos el tren y mientras yo me dedico a jugar con un escarabajo boca arriba, e Inés dice que estaba cortejando y se lo he fastidiado.

LLega el tren, nos montamos, nos sentamos, e igual que en el viaje de hacer, un poco de siesta, y experimentos con la cámara, peor ahora más atentos porque Luarca no es la última estación. Llegamos a Luarca y lo primero que hacemos es buscar alojamiento, ya que si no hemos venido andando, nos parece mal ir al albergue de peregrinos. Una señora muy simpática nos indica cómo bajar al puerto, y dónde podemos encontrar pensiones baratas. Primero bajamos al puerto, y hay un mercadillo de camino, donde me compro un pareo para poner en la almohada de los albergues. En el puerto nos dicen que los hostales son caros, así que subimos un poco, y vemos en un par de hostales que la habitación doble cuesta 65 euros por noche. Nos volvemos a encontrar con la señora de antes, que al vernos con las mochilas, nos pregunta si no hemos encontrado aún alojamiento, y le respondemos que es que antes hemos ido al puerto a verlo. Nos dirigimos hacia donde nos dice la señora, y encontramos una pensión, preguntamos, y aunque la señora duda un momento, al final con un poco de suspense nos dice que sí hay habitación, y que son 30 euros la habitación doble. Nos la enseña, y por fin tenemos una habitación para nosotros solos, con dos camas. Dejamos las mochilas, esparcimos la ropa que tenemos húmeda por las ventanas, armarios y sillas para que se seque, y ya sin peso en la espalda nos vamos a dar una vuelta por Luarca. Preguntamos por la playa y vamos hacia ahí, pero es tan pequeña (y con agua sucia del puerto que desemboca ahí) que preferimos dar una vuelta por el pueblo y tomar una cervecita. Vamos luego a la oficina de información y nos dicen que hay otra playa pasando la que hemos visto, algo más grande, así que vamos ahí y caminamos por el agua para refrescar los pies con el agua salada. Después nos tiramos un rato en la playa 8que es ideal para ver la lluvia de estrellas esta noche), y tras quitarnos la arena de los pies (y el resto del cuerpo) vamos a comer. Comemos en un sitio menú por 10 euros, yo fabada (por fin) y atún a la plancha e Inés ensalada mixta y solomillitos de cerdo con salsa de cabrales. Al terminar vamos a la pensión a ducharnos y descansar, tras lo cual vamos a dar otra vuelta por Luarca. Nos dirigimos al espigón del puerto, y vemos en el puerto, donde más sucia está el agua, unos dando un curso de buceo, dos niños entre ellos, la niña de unos 10-12 años. Pobriña, qué cara de sufrimiento.

Seguimos andando por el puerto, mirando bares y precios para cenar, cuando nos encontramos a un grupo de peregrinos que durmieron en el albergue anoche (y ellos son los que nos encontramos en la carretera). Tomamos una cerveza con ellos (Marta, Ainara, Ángel y Vincent), comentando el camino (Ainara y Vincent reconocen que han cogido alguna vez el autobús) y les da envidia que estemos en una pensión con sábanas limpias, sobre todo a Ainara (apodada cariñosamente la Barbie) que es de Bilbao y nos enseña un video hecho con su cámara de la pensión en obras y apuntalada donde durmieron en Oviedo, después de terminar a las 5 de mañana tomando gin tonics). Hacemos foto de grupo y seguimos buscando sitio para cenar, porque queremos sardinas. En un restaurante del puerto las encontramos en la carta, así que nos sentamos. El camarero es algo seco, y como encima las “sardinas” que tienen son parrochas, decidimos volver a la calle donde comimos porque había más bares.


Cenamos en el que estaba más vacío a mediodía (justo donde entonces dijimos de no ir) y pedimos cecina con queso, almejas a la marinera, carpaccio de buey y atún a la parrilla. Nos comemos todo menos el atún que está carbonizado por un lado y muy seco, y parte de la cecina, que pedimos nos la envuelvan para comer al día siguiente en una parada del Camino. Para acompañar la enorme tarta que me dan de postre, pido un moscatel, y me dan un vino que tiene algo de uva moscatel, pero no es dulce. Menos mal que se portan bien y no nos cobran ni el “moscatel” ni el pacharán que pidió Inés (ni el atún carbonizado, obviamente). Salimos del restaurante casi a las 12 y como está nublado no podemos ver la lluvia de estrellas, así que nos vamos a la pensión.

Luarca empieza mañana sus fiestas y hoy hay un partido de fútbol entre el Sporting de Gijón y el Athletic de Bilbao, el pueblo está rojiblanco. Nos ha gustado mucho Luarca y pensamos volver en Semana Santa a la pensión para conocer los alrededores y un poquito más el pueblo.

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martes, 1 de septiembre de 2009

CAMINO DE SANTIAGO 2009. DÍA 5: AVILÉS - SOTO DE LUIÑA


11 de agosto de 2009

Nos levantamos con mucho calor. A las siete teníamos programado el despertador, pero a las seis y media decidimos levantarnos, porque somos muchos en el albergue y la gente, que ya se ha levantado, hace mucho ruido. Recogemos la ropa tendida, que sigue húmeda, y “Tiramos pa’ Santiago”. Encontramos una placita en calma y fresquita… la pareja de alemanes de ayer están haciendo Tai Chi y Luis les rompe la calma haciéndoles una foto.

En la cafetería desayunando tostada, rica, rica, zumo y té, aparecen y después de intercambiar planes de la etapa y deseos de buen Camino, seguimos. En la estación de tren decidimos andar un poco; ¡¡¡Luis quería volver a pasar por el Lidl y hacerse una foto.!!! Llegamos de nuevo a la playa de Las Salinas y de frente pasamos un túnel. La subida, aunque por carretera, es entretenida porque descubrimos los orígenes de los adosados.

En Piedras Blancas estamos una hora más o menos esperando el tren y entretenidos entre frutos secos, pises y conversación con una lugareña: ¡Cómo está esto de abandonado! Las farolas rotas y arrancadas. Otro lugareño nos explica el funcionamiento de los semáforos. Luego, siesta en el tren
(y experimentos con la cámara de fotos)… ¡alguno!.

Llegamos a Cudillero, y después de andar unos 10 Km. nos proponemos tomar algo y no andar más. Nos regalamos un banquete de chorizo a la sidra, parrochas y cerveza. El camarero nos explica que el cura de aquí aloja peregrinos en su casa. ¿Qué hacemos?, ¿dormimos aquí en casa del cura?, ¿volvemos a subir la cuesta hasta el autobús? Nos dicen que a Soto de Luiña se puede ir por la costa, y siguiendo un atajo está a unos 6 Km., así que decidimos coger el atajo.

Mientras comemos el chorizo y las parrochas aparece un “elemento” de Mataelpino, ¿cómo es posible que Felipe esté aquí? El mundo es pequeño y, a veces, algo desagradable. En contraposición unos franceses de la mesa de al lado, en familia, nos preguntan por el chorizo a la sidra y se lo damos a probar… C’est bon!!

Vaya con el atajo, de nuevo carretera interminable
que nos hace pensar que nos hemos perdido, y cuando empezamos a desesperarnos nos cruzamos con dos peregrinos, que también andan un poco “perdidos”, pero nos dicen que hay una carretera en obras más adelante, que es el dato que nos dieron en Cudillero. Nosotros seguimos hasta la carretera, y ellos hacia Cudillero. Tras un largo rato andando llegamos a las obras y hay un desvío del Camino, cerca de un hotel. En el hotel nos encontramos con otro peregrino y un paisano nos dice que Soto de Luiña está al lado ya. Seguimos andando, ya muy animados, y avistamos una playa preciosa, donde baja el Camino, y luego subimos a lo que creemos que es Soto de Luiña, lo atravesamos y no vemos el albergue, lo que nos hace pensar que nos hemos pasado, y tras andar otro buen rato por un camino en obras un tanto inhóspito, vemos a un señor, le preguntamos y resulta que está mucho más allá. Tras otro largo rato de carretera y un camino muy bonito, pero estrecho, por fin aparece Soto de Luiña. Los 6 Km. del atajo se han convertido en unos 15.

Llegamos al albergue, nos pasamos por el bar Ecu a sellar, y ya que estamos ahí, nos tomamos una cerveza, volvemos al albergue, nos duchamos, descansamos y vamos a otro bar a preguntar horarios de autobuses para el día siguiente, que vamos a descansar los pies, pero ahora de verdad. Nos tomamos unas cervezas, e intentando recordar sucesos nos entran dudas acerca de los tiempos en que han sucedido las cosas, y eso unido a que Inés no sabe si hablo en serio o en broma (más el cansancio y la pre-regla) hace que se le salte alguna lagrimita. SMS divertido y entrañable de Rafiki… tal vez algo de morriña también influye.

En éstas llama Carlos Giner y salgo a la plaza a hablar con él, dándose la casualidad de que mientras hablo con Carlos me encuentro con Javier “el cuñado”. Hablamos un rato, nos invita a cenar a su casa, pero declinamos la invitación porque es un marrón para ellos e Inés no les conoce de nada y le da algo de corte. Vamos a cenar a un bar que tiene menú del peregrino, pero como no nos atienden nos vamos al hotel del pueblo, que también tiene menú del peregrino, aparte de que el hospitalero del albergue tiene algo que ver con el hotel. Cenamos marmitako de bonito y trucha con jamón (Inés) y ensalada de pasta y jamón asado (yo). Después nos pedimos un ron con Coca Cola y una crema de orujo en vaso de plástico y nos vamos al albergue a tomarlo, tras lo cual vamos a dormir porque está muy nublado y no hay posibilidad de ver la lluvia de estrellas de las Perseidas. Mientras tomamos la copa hablamos con otros dos peregrinos que se están fumando un porro y comentando etapas coincido en la descripción del “hospitalero” (más bien le llamaría hostalero porque no merece el calificativo de hospitalero) de San Vicente de la Barquera (un auténtico gilipollas). Comentamos el hecho de que casi obligue a cenar a los peregrinos, y en contra de lo que yo pensaba, que era por dinero, resulta que es para que escuchen a su pareja cantar, con estrado y todo para mayor lucimiento de ella.

Nos acostamos cuando ya han apagado la luz, noche de mucho calor, pis madrugador y cremallera atascada de Luis. A media noche intento bajar la cremallera de mi saco, porque el calor es insoportable, y como está atascada desisto de hacerlo. Pero tengo tanto calor que lo vuelto a intentar, y tras un esfuerzo encomiable (y no sé cuándo ruido) lo consigo.

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CAMINO DE SANTIAGO 2009. DÍA 4: GIJÓN - AVILÉS


10 de agosto de 2009

Nos levantamos a las 5, para variar, y tras vestirnos y untarnos bien de vaselina los pies, vamos a coger el autobús que nos dejará a la salida de Gijón, donde retomaremos el Camino. Hay dos posibles rutas, una por la costa y otra por el interior; nos parece buena idea tomar la de la costa, pero donde nos deja el autobús paramos a comprar algo para desayunar en una tienda y nos dicen que por la costa hay 12 Km. más, por lo que decidimos ir por el del interior.

La salida de Gijón es muy confusa (eso no es nada nuevo) y a ratos peligrosa, por una carretera sin apenas visibilidad y con muy poco arcén, pero al final llegamos a una zona sin apenas circulación, en parte porque la carretera está cortada por las obras, y nos lleva a una una urbanización. En una de las casas de la urbanización hay una cesta con limones para los peregrinos. Cojo uno y dejo una nota de agradecimiento. También hay un cartel de una pareja de novios que conocimos en Gijón (unos amigos suyos están haciendo el Camino delante de ellos y poniendo carteles de la pareja por todos los sitios) e Inés deja otra nota. Por esta urbanización los caracoles son muy torpes y no se saben quitar del camino, así que sin quererlo piso un caracol cuando estoy caminando, y lo malo es que cuando me acerco a la valla donde están los limones, aplasto otros dos más… :-(

Llegamos a un sendero flanqueado por eucaliptos, muy bonito, y al rato deja paso a otro sendero con campos de hierba baja a los lados, que seguimos usando la intuición en algunas ocasiones, porque está muy mal señalizado y con bastantes derivaciones. En una de éstas hemos debido de usar mal la intuición, porque dejamos de ver señales y terminamos en una carretera sin saber hacia donde dirigirnos. Preguntamos en una casa (menos mal que por lo menos hay casas) y nos dicen que nos hemos desviado (eso ya lo habíamos supuesto) y tenemos que subir 3 Km. para reencontrarnos con el Camino. Maldigo al que ha puesto las flechas, o más bien al que no las ha puesto, pero esos son cosas del Camino, a veces uno se pierde y hay que retomarlo con serenidad y buen humor (cosa que en principio yo no hago). Afortunadamente no es tanto (debe ser la única vez que cuando nos dicen una distancia la realidad es menor que lo que nos indican), y al rato nos volvemos a encontrar con las indicaciones del Camino. Seguimos por la senda cruzándonos con babosas y otros insectos (pero ya sin pisarlos), y cuando termina, nos encontramos con una carretera en ocasiones peligrosa por los cruces, y con fábricas en su costado derecho, con grandes grúas que transportan vigas. Cuando estamos hartos de esa carretera, ya muy cerca de Avilés, vemos un autocar urbano a lo lejos, que nos da la idea de terminar la etapa en ese autobús. ¿Corremos? Ufff, da la vuelta y lo tenemos muy cerca, pero no hacemos ni amago de correr. Miramos los horarios y tenemos media hora para tomar algo en un bar que está muy cerca de la parada. Tomamos una cerveza (Luis) y un Nestea (yo). La mujer del bar nos cuenta el accidente de un amigo suyo que murió en la “Ruta del Cares”. Mientras, intentamos descansar los pies.

Aparece una pareja de alemanes de unos 60 años (él en chanclas y calcetines) y llevan un diccionario. Tras consultarlo, él comenta: “He visto chatarra”, refiriéndose a la fábrica que vimos con las grúas y las vigas, que construían a partir de chatarra. Estamos un rato hablando con ellos y nos despedimos para coger el autobús, que nos deja “cerca” del albergue… por aquí todo está “cerca”.

Una vez en al albergue “San José” nos recibe y nos regala una conche a cada uno, que elegimos entre muchas que lleva en una bolsa de plástico. Conseguimos dos camas juntas, pero huele muy muy mal. Aún así, después de la ducha y la comida nos echamos una siesta larga.


Lavamos y tendemos la ropa en un tendedero que hay fuera, aunque a la sombra. Cuando vamos a comer nos encontramos con “San José”, que es el hospitalero y se llama José María, y además es el presidente de la Asociación de amigos del camino de Avilés. Le preguntamos dónde podemos comer algo, y nos da dos opciones. Elegimos la más barata, pero según dice él un poco más basta, y nos acompaña. Nos tomamos unos ribeiros con él, y cogemos la tapa con “morro” de la barra (así es como se hace, según nos dice José María). Comemos el menú, que consta de melón con jamón (Inés) y paella (yo) de primero y pollo al ajillo (los dos) de segundo, muy rico, y luego un orujo de hierbas (Inés) y un “ron miel” (yo), que se debe haber dejado la miel en el avión de Canarias, porque cuando me enseñan la botella, es ron puro.

Tras la siesta (menuda siesta después del ron) vamos a ver la playa de Salinas como nos habían recomendado en Oviedo, que es muy bonita y tiene en su extremo occidental un lugar rocoso donde rompe el mar y hay una estatua de Philippe Cousteau. Para ir hay que coger el autobús, que tiene parada en la estación. Inés dice que en la estación de autobuses y yo que en la del tren. Preguntamos, y nos dicen otra parada que es el inicio de línea, e Inés se enfada porque propone un sitio que ha entendido y yo me dirijo a otro, y por ello piensa que no la hago caso. Cogemos el autobús medio mosqueados y llegamos a la playa, que realmente es bien bonita. Vamos a ver el Museo de las Anclas, que está al final de la playa, donde está la estatua de Philippe Cousteau, estamos un rato escribiendo, nos hacemos fotos, ya superado el mosqueo, y nos volvemos. Paramos en la estación, y resulta que están juntas ambas estaciones (la del tren y la de autobuses). Miramos horarios para mañana descansar los pies y coger el tren hasta Cudillero y de ahí un autobús hasta Solo de Luiña.

Cenamos en un bar de la estación, que tienen vermut de solera y percebes a 7 euros la ración, y también pedimos calamares a la romana. Después vamos andando al albergue, que se llama Pedro Solís (recibe este nombre en honor a al fundador del antiguo hospital y albergue de peregrinos de Avilés) y nos acostamos.

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lunes, 31 de agosto de 2009

CAMINO DE SANTIAGO 2009. DÍA 3: SEBRAYO - GIJÓN


9 de agosto de 2009

Nos levantamos a las 5 como de costumbre, y tras prepararnos, salimos a las 5:35. Al salir del albergue llovía un poco, pero por suerte deja de llover enseguida. Caminamos por un sendero con mucho barro, y al ir sólo con una linterna, se hace complicado caminar sin tropezarse o hundirse en el barro. Pero al final convenzo a Inés para que lleve ella la linterna y así podemos andar mejor. Llegamos a Villaviciosa y la cruzamos por intuición, ya que las flechas brillan por su ausencia. Paramos a comer en una plaza al lado de la estación de autobuses, y vista desde ahí, la estación no parece tan fea como desde dentro. Salimos de Villaviciosa por un parque muy bonito, ya de día, y al poco comenzamos a subir el Alto de la Cruz, que ya nos había avisado Rosa de su dificultad al subirlo. Con paciencia y poco a poco, no nos cuesta mucho subirlo, y además nos entretenemos con las distintas especies de caracoles que vemos por el camino, a los que hago fotos.

Bajando el Alto de la Cruz, en un cruce, nos encontramos con un paisano de 92 años, que nos cuenta batallitas sobre la guerra civil (textual) y nos dice qué desvió tomar para llegar a Gijón. Cuando estamos hablando con él llega Jon, que había salido dos horas después que nosotros de Sebrayo. La bajada por el camino que nos indicó el paisano es complicada, con bastante barro y en ocasiones muy estrecho y con plantas en medio. Aquí es donde me hago con un palo para no resbalar. Al terminar la bajada está Casa Pepito, donde paramos y nos tomamos una cerveza con Jon. Como él tiene prisa, continúa y nosotros nos quedamos comiendo algo y descansando. Comemos pastel de cabracho y cecina, y cuando estamos terminando aparece Elena. Estamos muy cansados, pero seguimos con mucha moral porque ya queda poco.

Elena habla mucho, pero se hace más llevadero y nos da instrucciones para curar la ampolla que le ha salido a Luis. Después de varias paradas y alguna “subidita” más, divisamos por fin Gijón… ¡no queda nada!.

Llegamos a Cabueñes y ya se ve Gijón de cerca. Cabueñes está lleno de carteles: “SOS CABUEÑES; PAREMOS EL MURO”, y también está lleno de lujosos hoteles en grandes parcelas. El Camino nos lleva paralelos a Gijón un montón de kilómetros y el p… Cabueñes no termina nunca. Pasamos por una casa y un señor nos ofrece dos botellas de litro y medio de agua (más peso), pero sólo le cogemos una, y bebemos de ella muy agradecidos. Paramos a tomar algo ya desesperados en una terraza que vemos, y tras tres horas de andar por Cabueñes llegamos a una parada de autobús urbano, que nos dejará cerca del Albergue Juvenil. ¡Ahora sí que no queda nada! Luis se echa una cabezadita y yo casi, pero Elena sigue hablando y no puedo. Por fin, y después de una gran vuelta por Gijón, llega nuestra parada… Oh, my God?, otra cuesta. No podemos con nuestros pies, pero llegamos por fin a una casona muy bonita.

Yo aparte de los pies tengo escocida la ingle y parte de las nalgas, porque como he engordado tanto este tiempo, los calzoncillos que llevo me están pequeños (joe, anda que no os estoy contando intimidades, espero que nos os descojonéis de mí en mi cara, sed buenos y hacedlo cuando yo no esté).

Por fin llegamos al albergue juvenil y nos dan habitación, la V12. De repente, Elena desaparece, y cuando llegamos a la habitación nos la encontramos dentro, y ya ha elegido la mejor cama. Nos duchamos y vamos a comprar algo. Mientras me estoy duchando hay un peregrino vacilando de las tías con las que se ha enrollado en el Camino. Coincidimos con una pareja de novios que están haciendo el Camino y que cuando lleguen a Santiago se van a casar; qué pareja tan guay, espero que el Camino refuerce sus vínculos de unión y el esfuerzo se vea recompensado por la fuerza del Amor.

De camino a algún sitio donde cenar, paramos en una farmacia y compramos Labocane, para las escoceduras. Preguntamos en la farmacia donde podemos cenar, y nos recomiendas varios sitios, Elegimos una sidrería, donde cenamos 2 botellas de sidra, pulpo a la gallega muy rico y filete con patatas (Inés) y escalope con patatas (yo). Encendemos el móvil y recibimos varios mensajes. Hablamos con Geli y llama mi madre (con la que hablo yo, claro).

Después de la cena, volvemos al albergue, y a la habitación. La habitación es de 8 camas, y sólo hay ocupadas 5. Al poco rato viene otra peregrina y se ubica. Es hospitalera en sus ratos libres, y se mete con los que madrugan mucho para andar, y se tiene que callar cuando le decimos que nosotros nos levantamos a las 5 de la mañana y le explicamos nuestras razones para hacerlo. Cuando me meto en mi cama, me doy cuenta que el somier de arriba tiene una lámina rota, menos mal que arriba no hay nadie durmiendo. Pero claro, todo no va a ser perfecto, así que al poco tiempo vienen 3 chicas a ubicarse en la habitación. Claro, que sólo quedan 2 camas libres, así que algo falla. Por suerte, las cambian de habitación, y aprovecho cuando viene el del albergue para decirle que el somier está roto (así no traen a nadie más).

Nos dormimos, y como es albergue juvenil, no se puede evitar que vengan dos chicas a las cuatro y pico de la mañana, con la consiguiente molestia a los que estamos durmiendo.

Yo duermo muy bien, tanto, tanto, tanto que ni me entero de los “bichos” que me pican en la cara, el brazo y la pierna. Cada vez me cuesta más bajar de la litera…

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