12 de agosto de 2009
Después nos vamos a la estación, y en el camino vemos halcones y escucho el típico sonido de su cortejo, según los programas de Félix Rodríguez de la Fuente, e Inés me llva la conrtaria, diciendo que ese sonido no tiene por qué ser el del cortejo. ¿Cómo es posible que viendo los capítulos de Félix Rodríguez de la Fuente, Luis sepa distinguir el sonido que hace un halcón para cortejar? Llegamos a la estación, esperamos el tren y mientras yo me dedico a jugar con un escarabajo boca arriba, e Inés dice que estaba cortejando y se lo he fastidiado.
LLega el tren, nos montamos, nos sentamos, e igual que en el viaje de hacer, un poco de siesta, y experimentos con la cámara, peor ahora más atentos porque Luarca no es la última estación. Llegamos a Luarca y lo primero que hacemos es buscar alojamiento, ya que si no hemos venido andando, nos parece mal ir al albergue de peregrinos. Una señora muy simpática nos indica cómo bajar al puerto, y dónde podemos encontrar pensiones baratas. Primero bajamos al puerto, y hay un mercadillo de camino, donde me compro un pareo para poner en la almohada de los albergues. En el puerto nos dicen que los hostales son caros, así que subimos un poco, y vemos en un par de hostales que la habitación doble cuesta 65 euros por noche. Nos volvemos a encontrar con la señora de antes, que al vernos con las mochilas, nos pregunta si no hemos encontrado aún alojamiento, y le respondemos que es que antes hemos ido al puerto a verlo. Nos dirigimos hacia donde nos dice la señora, y encontramos una pensión, preguntamos, y aunque la señora duda un momento, al final con un poco de suspense nos dice que sí hay habitación, y que son 30 euros la habitación doble. Nos la enseña, y por fin tenemos una habitación para nosotros solos, con dos camas. Dejamos las mochilas, esparcimos la ropa que tenemos húmeda por las ventanas, armarios y sillas para que se seque, y ya sin peso en la espalda nos vamos a dar una vuelta por Luarca. Preguntamos por la playa y vamos hacia ahí, pero es tan pequeña (y con agua sucia del puerto que desemboca ahí) que preferimos dar una vuelta por el pueblo y tomar una cervecita. Vamos luego a la oficina de información y nos dicen que hay otra playa pasando la que hemos visto, algo más grande, así que vamos ahí y caminamos por el agua para refrescar los pies con el agua salada. Después nos tiramos un rato en la playa 8que es ideal para ver la lluvia de estrellas esta noche), y tras quitarnos la arena de los pies (y el resto del cuerpo) vamos a comer. Comemos en un sitio menú por 10 euros, yo fabada (por fin) y atún a la plancha e Inés ensalada mixta y solomillitos de cerdo con salsa de cabrales. Al terminar vamos a la pensión a ducharnos y descansar, tras lo cual vamos a dar otra vuelta por Luarca. Nos dirigimos al espigón del puerto, y vemos en el puerto, donde más sucia está el agua, unos dando un curso de buceo, dos niños entre ellos, la niña de unos 10-12 años. Pobriña, qué cara de sufrimiento.
Seguimos andando por el puerto, mirando bares y precios para cenar, cuando nos encontramos a un grupo de peregrinos que durmieron en el albergue anoche (y ellos son los que nos encontramos en la carretera).
Cenamos en el que estaba más vacío a mediodía (justo donde entonces dijimos de no ir) y pedimos cecina con queso, almejas a la marinera, carpaccio de buey y atún a la parrilla. Nos comemos todo menos el atún que está carbonizado por un lado y muy seco, y parte de la cecina, que pedimos nos la envuelvan para comer al día siguiente en una parada del Camino. Para acompañar la enorme tarta que me dan de postre, pido un moscatel, y me dan un vino que tiene algo de uva moscatel, pero no es dulce. Menos mal que se portan bien y no nos cobran ni el “moscatel” ni el pacharán que pidió Inés (ni el atún carbonizado, obviamente). Salimos del restaurante casi a las 12 y como está nublado no podemos ver la lluvia de estrellas, así que nos vamos a la pensión.
Luarca empieza mañana sus fiestas y hoy hay un partido de fútbol entre el Sporting de Gijón y el Athletic de Bilbao, el pueblo está rojiblanco. Nos ha gustado mucho Luarca y pensamos volver en Semana Santa a la pensión para conocer los alrededores y un poquito más el pueblo.
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