viernes, 18 de septiembre de 2009

CAMINO DE SANTIAGO 2009. DÍA 17: SANTIAGO - FINISTERRE


23 de agosto de 2009

Después de una buena noche (bueno, a las 6 Luis se levanta de nuevo a cargar la batería de la cámara) dormimos por fin bien y nos levantamos con ganas de ver Finisterre.

Todo va cuadrando muy bien a lo largo del día. Pagamos la habitación y cogemos el bus de las 8:30, que llega a las 8:40, hacia la estación de autobuses, que nos llevará a Finisterre. Según llegamos se nos presenta una persona preguntando si hablamos español y ofreciendo su coche para llevarnos a Finisterre, por el mismo precio del autobús, pero en una hora en vez de en tres. Aceptamos con una condición:
“Si no nos vas a secuestrar” y tras ver que el coche no es una tartana.

Después de desayunar zumo y croissant nos metemos en la furgo Mercedes de Álvaro. Resulta un tipo muy interesante que nos va amenizando el viaje y nos resulta muy entretenido. Entre política (Pepe Blanco y la corrupción política de todos), e historias de peregrinos en el faro (alguno que se aventuró más de lo debido y terminó en el mar). Además nos aconseja varios sitios para tomar la mariscada, mucho mejor en Finisterre que en Santiago, dónde va a parar.

Nos deja en la misma puerta del hotel y antes nos indica el camino para llegar a la playa de “Mar de Fora” para ver la puesta de sol porque según él es mucho más bonita y solitaria (además podemos conseguir raíces alucinógenas, como un chaval del que nos cuenta su historia) y con la posibilidad de ver delfines.

En el hotel nos reciben muy bien y nos cobra
(cuando consiguen poner en funcionamiento el lector de tarjetas, que está sin batería) África, una niña preciosa, con rizos en su melena larga y un chupete enorme. Además nos ofrecen una mariscada a buen precio (como paga Luis a mí es eso lo que me parece). Subimos a la habitación y es la primera vez que no desparramamos el interior de las mochilas por toda la habitación (vaya, tomar posesión del terreno).

Con muchas ganas empezamos a subir el faro; las vistas son preciosas: mar a un lado, montaña a otro… lástima de carretera sin andadero. A mitad del camino nos encontramos una estatua de un peregrino y nos hacemos unas fotos… son a contraluz y no salen bien.

Llegando al faro, en la puerta, Luis y otro hombre se quedan con las miradas fijas, tan fijas que me inquieta… ¡Carallo!, del Ministerio, Silverio.
(no le reconocí al principio, por eso el mosqueo).

Yo he tenido una sensación como de haber estado ya aquí alguna vez… es posible, con mi mala memoria.

Vemos la exposición de fotos de “A Costa da Morte” con los compis, y salimos a quemar los malos sentimientos del Camino, para purificarse, dicen. Mi palo de madera, el que me acompaña desde Asturias, acaba ardiendo en un agujero junto con ropa de otros peregrinos… ha sido un gran apoyo para mí, pero reconozco que Luis lo ha sido bastante más.

Bajamos al acantilado para ver el mar más de cerca. ¡El mar!, ¡cómo me gusta!, hacemos más fotos y retornamos a Finisterre. Parada en una fuente de la carretera por Luis, que no lo puede evitar, y llegada al puerto de Finisterre. Gaviotas, barcos, descanso de pies y vuelta al hostal, donde nos espera la gran mariscada, rica, rica.

¡Carallo, he venido al camino con un sapo! ;-)
¡Joder, uno no puede eructar a gusto.!

Percebes, almejas, navajas, mejillones (y dos piedras), langostinos, vieiras, cigalas, gambas (nada buenas) y tres nécoras sólo para mí, ¡¡qué placer!! Vino blanco y licorcitos, de hierbas para mí y para Luis, que pide licor de café, vermouth, hierbas y por fin licor de miel.

Al pagar con la tarjeta dicen que no hay papel en la máquina, que saquemos dinero y paguemos en efectivo. Tanto fallo con el lector de tarjetas me mosquea.

Vamos a la habitación, nos intentamos activar, pero si el orujo de café me quita el sueño, el de miel consigue todo lo contrario, y me quedo dormido enseguida.

Después de la siesta vamos a ver la puesta de sol a la playa de “Mar do Fora” y hago cienes y cienes de fotos, tanto a rocas, como a olas y al mar, porque se está nublando y no podemos ver la puesta de sol como nos gustaría. Hay olas considerables, y no me baño porque haciendo una foto me meto un poco, viene una ola que me cubre hasta el muslo y noto la resaca con cierta fuerza en los pies.

Una playa fantástica, salvaje tanto por el mar como por el entorno, tarde agradable que consigue sacar de mí la mala leche con la que me levanto de la siesta. El mar está precioso.

Tras la puesta de sol sin sol, volvemos al hostal, con sesión de fotos a Luis con su nuevo look, pero no nos da tiempo a ducharnos antes de cenar, así que vamos con la arena de la playa. Buscamos sitio y entramos en un restaurante cerca del puerto donde cenamos ensalada de calabacín y mozzarella (muy rica) y chuleta de ternera (para mi gusto muy hecha, y eso que la pedimos al punto), todo ello muy bien aireados porque el camarero se empeña en dejar la puerta abierta.

Tras la cena buscamos un cajero, pero como no hay ninguno de Servired, paso de dejarle comisión a los bancos y no saco dinero; total, el problema es del hostal, no voy a pagar yo por ellos. Buscamos un sitio donde tomar algo y encontramos un pub con mucho encanto, unas vistas preciosas al puerto de Finisterre y una decoración un tanto abigarrada, pero muy curiosa. Nos tomamos una copa, y nos vamos al hotel a descansar.

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jueves, 17 de septiembre de 2009

CAMINO DE SANTIAGO 2009. DÍA 16: PEDROUZO - SANTIAGO DE COMPOSTELA


22 de agosto de 2009

Nos despertamos a las 5 de la mañana tras haber pasado una noche apenas sin dormir, pero las ganas de llegar son muchas y a las 5:30 empezamos a caminar con un buen ritmo. Tal es así que en poco más de una hora ya hemos hecho 6 kilómetros. La noche está nublada y no se ven estrellas como ayer, pero la lluvia nos respeta e incluso en algún momento se deja ver algún lucero entre las nubes. Caminamos junto con más peregrinos, de tal forma que las linternas que se mueven en la oscuridad vuelven a dar la impresión de que caminamos cerca de la “Santa Compaña”, bien delante, bien detrás. Un poco antes de que amanezca pasamos al lado del aeropuerto de Lavacolla (y dos piedras) y se escucha un avión muy de cerca, pareciendo que va a despegar sobre nuestras cabezas. Preparo la cámara de fotos para hacer “la foto”, pero el avión se desvía y no le vemos despegar.

Cuando empezamos a subir el Monte do Gozo, paramos en un bar a tomar algo, y nos ofrecen dos vales para dos copas de albariño, junto con dos bolsitas de orujo blanco. Tomamos algo, descansamos un rato y al salir les pedimos otros 2, y nos los dan, y además poco después encontramos unos cuantos vales más, pero ya sin la bolsita de orujo blanco.

El camino hacia el Monte do Gozo es muy entretenido, porque hay mucha gente acompañándonos, y todos de muy buen humor (menos un grupito que estaba discutiendo) porque ya llegamos a Santiago. Al llegar al Monte del Gozo la gente se desvía para hacerse fotos junto al monumento que construyeron hace años, pero nosotros pasamos de largo, porque desde ahí cuesta mucho ver las torres de la Catedral (y además, ya sabemos que estamos cerca) y además nos parece muy feo dicho bicho, lo cual decepciona a Inés un poco ( a mí no, porque ya lo conocía).

A partir de ahí, nos seguimos acercando a Santiago, bebo de mi fuente favorita en la entrada de la ciudad, que no sé si la han cambiado de sitio o es que no la recuerdo bien desde la última vez, y un poco antes de entrar en la Plaza del Obradoiro paramos porque a Inés le duelen mucho los pies y así, tras el descanso, entramos en la Plaza con mejor talante. La verdad es que a mí se me está haciendo muy larga la entrada en santiago, no lo recordaba tan pesado; de hecho, en alguna ocasión me parece que han desviado el Camino, pero luego voy viendo cosas que me recuerdan al Camino original.

Tras el descanso, continuamos, llegamos al casco antiguo de Santiago, lo cual nos anima, aparte de por la proximidad de la catedral (de la que ya hemos visto las torres), por la belleza del paseo. Llegamos a la puerta del perdón, nos hacemos una foto, y entramos, por fin, en la Plaza del Obradoiro. ¡ULTREYA! Estamos un rato viendo a los peregrinos que celebran el final del Camino, nos encontramos con Santos, le saludamos (ya nos acordamos de su nombre), nos comenta que llegó ayer y nos vamos a la oficina de información a pedir información de la calle del hostal, la estación de autobuses, actividades en Santiago estos días, etc.

Por fin estamos en Santiago y estamos emocionados, pero no tanto como nos habría gustado. Nos han faltado experiencias compartidas con otros peregrinos y kilómetros; aún así, es fantástico y alucinante observar la llegada de la gente a la Plaza del Obradoiro, que recordaba bastante más grande. También recordaba más grande la Catedral por dentro, que está en obras.

Envío un mensaje a Rafiki y otro a Rosa: ¡ULTREYA! Y recuerdo a Víctor, Puri y Aurori, pero la tienda de la Catedral no es lo que era y ni pregunto por ellos.


Tomamos una cerveza para procesar la información, y nos vamos al hostal; nos duchamos, dejamos la ropa en recepción para que nos la lleven a la lavandería (qué nivel), y salimos a comer. El ambiente es tan bueno, que da gusto recorrer las calles, así que antes de comer damos una vuelta por el casco antiguo, cerca de la plaza, y vamos viendo los bares para elegir bien. Entramos en uno por 10 euros, nos sentamos, y cuando nos trae la carta vemos que no está incluida la bebida, así que nos levantamos y nos vamos. Vamos a otro, ya un poco más alejado de la plaza, preguntamos si está incluida la bebida en el menú, y nos responde el camarero que no, pero que él nos invita a sangría, que la hace muy rica. Comemos gambas a la plancha y media lubina al horno cada uno (ahí está el truco, siempre que la hemos pedido en otros sitios, la ponían entera).

Al terminar volvemos a la Plaza del Obradoiro a ver más peregrinos y su alegría, me echo una mini siesta y después, cuando ya consigo sentir el culo tras haber estado sentado más de media hora en la piedra de la plaza, vamos al hostal a descansar. Vemos una película en la televisión (Cuando un hombre ama a una mujer) y después vamos a dar una vuelta por Santiago. Llegamos hasta el colegio donde dormí en 1993, cuando hice la peregrinación por primera vez (aún me acuerdo de cómo llegar), compro jabón de afeitar y cuchillas para el mismo fin,y vamos al hostal, donde me afeito mientras Inés descansa de los pies.

Vamos luego a cenar, y cenamos navajas y pulpo (mitad bueno, mitad no tanto). Los camareros son muy majos, y estamos muy a gusto cenando. Tras ello, otra vuelta por Santiago (da gusto pasear por esta ciudad, y de noche está muy bien iluminada), nos hacemos una foto en la Plaza de las Platerías (nuestra plaza), donde hay un chico haciendo un espectáculo de risas y malabares, que disfrutamos durante un rato, riéndonos mucho de las ocurrencias del artista. Tras ello, vamos a tomar una copa a una de las placitas del casco antiguo, en la Travesía do Franco.

A estas horas, 23:30, estoy muy cansada, pesan los días fuera de casa y la decepción personal por no haber conseguido hacer todo el Camino. Luis lo hace todo más fácil y me hace siempre ver el lado positivo. “Año Santo de excursión”




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CAMINO DE SANTIAGO 2009. DÍA 15: ARZÚA - PEDROUZO


21 de agosto de 2009

Nos levantamos a las 5 de la mañana, nos vestimos y desayunamos en la habitación, y a las 5:30 empezamos a andar. Se nos “olvidan” mis bolsas de frutos secos y el desodorante en crema de Inés, que se había comprado uno roll on ayer cuando fuimos a comprar el desayuno.

Empezamos a andar de noche cerrada, viendo las estrellas, entre las que destaca la Vía Lactea, y alguna estrella fugaz, sin ninguna complicación física de momento. Nos vamos encontrando con más peregrinos, con visitas de la Santa Compaña cuando miramos hacia atrás; unos van más deprisa y nos adelantan, y otros más despacio y les adelantamos, lo cual nos indica que llevamos un ritmo normal. Uno de los que nos adelantan es Santos, que coincidimos con él en Sebrayo, pero no nos reconoce y pasa tan “deprisa” que no nos da tiempo a recordar su nombre y llamarle. Cuando amanece, para entretenernos en la marcha, comenzamos el concurso de canciones Silvio vs Aute.

A las 3 horas paramos en un bar a reponer fuerzas, porque además Inés se está resintiendo de los pies, y la parada nos sienta muy bien. Conforme nos acercamos a Pedrouzo, empezamos a ver publicidad de los albergues privados. Cabe destacar la publicidad del albergue Porta de Santiago, que nos desea buen camino en una grabación de voz. Vuelven las hortensias a decorar las casas y las flores a decorar el camino.

Llegamos a Pedrouzo sobre las 10 de la mañana, tras cuatro horas y media de caminata y 415 metros de desnivel. Miro por curiosidad el albergue de peregrinos y ya hay unas 20 personas esperando en la cola a que abran.

Buscamos pensión por si podemos no ir al Bule-Bic, pero está todo el pueblo hasta arriba y no queda una plaza. Nos llaman del Bule-Bic para confirmar, y les decimos que sí, pero que llegaremos sobre las 4, por si encontramos algo antes. Buscando habitación nos encontramos con uno de Valencia que va de apoyo con un par de parroquias, y charlamos un rato con él.

Al final no encontramos nada, así que decidimos ir al Bule-Bic. Hacemos algo de tiempo tomando una cerveza enfrente del albergue Porta de Santiago, donde saco una foto al cartel anunciador de las mejores fiestas de toda España, y vemos cómo van llegando peregrinos, entre los que destacan un grupo con la bandera de España y otro de orientales (japoneses, chinos, vietnamitas, coreanos o algo así). Al cabo del rato vemos que hay una discusión en la cola del albergue, y parece ser que es porque unos se quieren colar. Al rato vemos que los que se quieren colar son los de la bandera (típico).

Vamos a la pensión a dejar las cosas, aunque son las 12:30. La habitación es muy hermosa, espaciosa, con televisión de pantalla plana y muy buenas vistas. El baño es compartido, pero como resulta que aún no ha llegado casi nadie, está muy limpio, por lo que aprovechamos para ducharnos. Después nos vamos a tomar el aperitivo, porque Inés tiene mucha hambre, además de mucho sueño. Cuando estamos tomando el aperitivo vienen los chino/japoneses/coreanos/vietnamitas/tailandeses/tibetanos (y dos piedras) y resulta que son scouts.

El camino hasta aquí ha sido muy bonito y muy entretenido porque hemos caminado rodeados de gente. Hay un grupo grande de scouts y otro con una monjita.

Comemos en el Chewaka (Ah, no, Che4) ensalada mixta (con mucho atún) y pechugas de pollo (Inés) y pescado a la plancha (yo). Después a la pensión a dormir la siesta (laaaaaaaaaaaaargaaaa) y ver la televisión, y a las 7:30 salimos, tras un masaje a mis pies, para comprar el desayuno de mañana y tomar una cervecita antes de cenar. De camino vemos a un peregrino que viene todo maltrecho, y me viene a la cabeza una chica que vimos esta mañana con los pies vendados y betadine en sus dedos, y lo debía estar pasando fatal. Nos hace plantearnos el poder de la mente y el inmenso esfuerzo que hacen algunos por llegar a Santiago, no exento de excesivo sufrimiento, y nos planteamos, ¿merece la pena? En nuestra opinión tanto sufrimiento no es bueno, aunque sí es cierto que con el paso del tiempo lo que queda es la alegría de llegar a Santiago, y el sufrimiento se queda al margen. Claro, que seguramente ninguno de ellos ha tenido fascitis plantar.

Cuando llegamos a una placita me doy cuenta de que me he dejado la cámara de fotos en el hostal y vuelvo a por ella. En el ascensor me encuentro a un pibe un tanto extraño que va a subir también, y cuando le pregunto a qué piso va, me dice que no sabe y aprieta el quinto. Como la pensión sólo tiene 3 pisos, el ascensor no hace nada, y entonces me dice que recuerda que su piso era el último, así que les dejo a su borrachera y a él en el segundo (mi piso) y luego suben ellos (supongo). Una vez en la habitación, alarma, no está la cámara, pero la alarma dura poco, porque la tengo en el bolsito. No se lo digáis a Inés, que se va a reír de mí. ¡Carallo que despistao!, pobriño.

Cenamos en un restaurante del pueblo, premio a la seguridad en el trabajo, chipirones a la plancha muy salados, pulpo duro y muy picante y queso de Arzúa, que a mí me gusta, pero a Inés le parece muy suave. No ha sido una buena elección el sitio, pero en nuestra defensa diré que Pedrouzo ni tiene tascas ni bares de “toda la vida”, sino que se ve muy comercializado a costa del peregrino. Tras la cena, un licorcito, en copa de balón, bien surtido.

He sido declarado vencedor del concurso de canciones, lo que me exime de pagar la mariscada en Santiago para conmemorar nuestros 10 meses de proyecto (o lo que sea). ¡Ay, carallo!, ¡alma de cántaro!, que no tiene nada que ver.

A las 22:30 estamos en la pensión y con muchas ganas de llegar a Santiago. ¡Mañana va a ser un gran día! Luis se ha emocionado en algún momento sólo de pensarlo. Yo guardo los frutos secos que nos han puesto con los licorcitos, para tomarlos en la Plaza del Obradoiro viendo llegar a los peregrinos. Hemos hablado con Geli y también eso nos ha animado más si cabe.


Nos acostamos e intentamos dormir, pero entre la discoteca de debajo de la pensión, los nervios y, en mi caso, el lingotazo de orujo de café que me he tomado, no dormimos apenas nada.

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miércoles, 16 de septiembre de 2009

CAMINO DE SANTIAGO 2009. DÍA 14: ARZÚA - ARZÚA


20 de agosto de 2009

Nos levantamos sobre las 10, y el cielo está muy nublado. Cuando me fijo mejor, además llueve, por lo que la idea de bañarnos en el río Iso, al lado del albergue de Ribadiso, queda descartada. Aún así, como Inés se quiere probar para mañana, decidimos ir andando a Ribadiso. Antes de eso desayunamos donde María, zumo de naranja, tostadas y té verde (Inés) y batido de chocolate y tostadas (yo). Además María nos obsequia con un pastelito exquisito y unos pins de la repostería. Tras desayunar vamos a Ribadiso, pero pasamos antes por el albergue de Arzúa a ver cómo está. A las 11:30 está ya completo.

Vamos a Ribadiso, dando una considerable vuelta, porque como vamos en sentido contrario las señales no se siguen tan fácilmente. Llegamos a las 12:30 al albergue y hay una cola tremenda, posiblemente esté lleno también. Tomamos una cerveza en el bar de al lado del albergue (que no existía en el 2001, la última vez que pasé por aquí) viendo pasar peregrinos, y por lo menos ya no llueve.

Las moscas gallegas son más cojoneras que las de Burgos ;-) Tengo que acordarme de preguntar a mi padre cómo era esa canción…

En Ribadiso Inés se resiente un poco del pie, pero dice que nada le va a para ya. Caminante no hay camino, se hace camino al andar, aun con fascitis plantar (y cagalera). Llueve otra vez ¡y que no decaiga!

Volvemos de Ribadiso, ya compartiendo la ruta con otros peregrinos (que poco sitio tendrán para dormir en Arzúa) y comemos prontito en un restaurante de Arzúa para cenar pronto y así dormir y levantarnos mañana a las 5 para retomar el Camino. Comemos espagueti y merluza a la plancha (yo) y melón con jamón y churrasco (Inés). Después un licor y vuelta a la pensión a ver la televisión y activarnos un poco, para no dormirnos. Salimos a comprar algo para desayunar mañana, lo llevamos a la habitación, tomamos una cerveza en la plaza de la Quesera antes de ir a cenar y nos ponemos al día en llamadas telefónicas.

Esto ya se nos hace aburridísimo, ¡QUEREMOS ANDAR!

La plaza está muy animada y abarrotada de peregrinos con cervezas, chanclas y pies en las sillas. Luis dice que esto ya le huele a Santiago. ¡Venga a pasar raciones de pulpo! Seguimos sin tomarlo y ya vamos por el tercer día.

Vamos a cenar a un bar situado al lado del albergue de peregrinos, que tiene las paredes y el techo decorado con huellas de manos de peregrino, muy curioso y original, así nos metemos en ambiente antes del “retonno”, pero sólo hay una familia de peregrinos extranjeros. Esto puede ser por varios motivos, a saber.

1.- Es muy pronto para que los españoles cenen (20:00)
2.- Como está cerca del albergue, es posible que hayan comido aquí y ahora cenan en otro sitio.
3.- Los albergues privados dan cenas y así de paso hacen un poco más de negocio.
4.- Ninguna de las anteriores.

Cenamos ensalada mixta y filete con patatas los dos, muy rico, sobre todo el filete (la ensalada con demasiada conserva a mi gusto) y después vamos a tomar un licorcito y un vino dulce a la repostería de María.

Andamos ya con muchas ganas de volver al Camino estos dos últimos días. Al menos entraremos en Santiago andando y algo más ambientados. El cambio de planes no lo he encajado muy bien y necesito “resarcirme” por los dos.

Tomamos otro licorcito en el bar de la pensión y resulta que hay más peregrinos que donde hemos cenado. Rosa nos recomendó un buen sitio. Don Manuel está otra vez en la misma mesa, pero como parece que no va a haber la misma cena familiar que anoche, muy prudentemente se va.

Mañana competición de canciones, a ver quién se sabe más: Luis de Silvio vs Inés de Aute.

Hablamos un rato con Moncho, ya despidiéndonos de él, y nos comenta que D. Manuel es el párroco del pueblo. ¡Ay, ay, ay!, ¡Dios los cría y ellos se juntan!, así Luis tenía tanta empatía con él. Inés me quiere hacer cura… creo que para librarse de mí. Je je.

Vamos a la habitación a dormir, y pasamos otra noche amenizados por el tañido de las campanas, que cada cuarto de hora nos recuerdan que están ahí al lado.

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CAMINO DE SANTIAGO 2009. DÍA 13: LUGO - ARZÚA


19 de agosto de 2009

A las 8:30 nos ponemos en pie, nos vestimos y vamos a desayunar al bar de ayer, pero aún está cerrado y vamos a otro que también tienen tostadas y zumo de naranja natural. Desayunamos, damos la última vuelta por Lugo para buscar bancos donde sacar dinero y nos dirigimos a la estación de autobuses, compramos el billete para Arzúa y esperamos el autobús de las once escribiendo estas palabras:

Nos ha gustado mucho Lugo y parece que los pies van estando mejor. Hoy es el último día de Voltarén. ¡Hemos aguantado dos días sin comer pulpo! Y Luis se va encontrando mejor de lo suyo.

El viaje en autocar es muy tranquilo con bonitas vistas. Llegamos a Arzúa (me olvido en el autobús el pareo que compré en Luarca), buscamos la pensión, nos dan una habitación muy limpia y con un cuarto de baño muy completo, nos duchamos, llevamos la ropa sucia a una lavandería y volvemos al bar de la pensión a tomar una cervecita y a charlar un poco con los camareros, que se llaman Moncho y Carlos. Llamamos a Pedrouzo para reservar habitación en alguna pensión para pasado mañana, pero no hay sitio en ninguna. Sólo en una,que se llama Bule-Bic, nos dicen que no están seguros, y nos llamarán por la tarde para confirmar. Mientras estamos tomando la cerveza, llegan dos mujeres maduras a pedir habitación, pero ya no queda nada, ni aquí ni en todo Arzúa, según parece. Dicen que en el polideportivo hay sitio, aunque en el suelo, pero no tienen esterillas. El del bar les ofrece una esterilla, pero son tres (la otra está buscando habitación por otras pensiones), así que nosotros les ofrecemos las nuestras. Se emocionan ante eso y nosotros casi. Entramos a comer (nos habían dicho que se comía muy bien en esta pensión, pero tampoco es para tanto) y cuando estamos comiendo (ensalada de pasta y mejillones de primero y brocheta de pollo y pollo al horno de segundo) aparecen de nuevo las mujeres. Salimos a ofrecerles los aislantes, pero resulta que han encontrado sitio en una casa particular, así que nos despedimos con un emocionado “Ultreya”. Después de comer, unos licorcitos en la terracita del bar, con ataque de risa acerca de las zapatillas de Inés, que se pierden “solas” y siesta. La ventana del baño es de esas correderas que se abren hacia arriba, pero no se sujeta arriba, así que para dejarla abierta la sujetamos con el palo de Inés.

Tras despertarnos, muy activos por fin ¡ULTREYA! (y no me seáis mal pensados), vamos a la oficina de turismo y nos dicen que en Arzúa no hay más que ver que una exposición de fotos en una iglesia y una plaza con una estatua de “la quesera” (señora que hace quesos), que es el símbolo del pueblo. Como no han llamado desde la pensión Bule-Vic, les llamamos y nos dicen que tienen una doble con el baño compartido por 35 euros (qué informalidad). Vamos a ver la exposición, y aunque abre a las 7 y son las 7 y pico, está cerrada. Preguntamos donde sellan las credenciales con sello parroquial por la iglesia y nos dicen que alguien abrirá entre las 7 y las 9, así que esperamos tomando una cervecita en la terracita de un bar cercano viendo pasar a los peregrinos. Hablamos con un señor que se sienta en la mesa de al lado, que nos cuenta que se ha recorrido todo el mundo por trabajo, pero que nunca ha hecho el Camino (no es peregrino, sino que vive en Arzúa, aunque es de Vigo).

Al terminar la cerveza y la conversación vamos a recoger la ropa a la lavandería, la dejamos en la pensión, vemos la exposición (por fin abrieron), buscamos un bar donde se pueda ver el partido del Atlético de Madrid contra el Panathinaikos (previa de la Champions) y disfrutamos de la gloriosa victoria del Atleti por 2-3 en un bar con muy poco glamour y el aire acondicionado muy alto, pero era el único donde lo pudimos ver. Además, también nos toca soportar a Borja, un atlético de Arzúa un tanto pesado. Eso sí, nos presenta a María, que trabaja en una repostería y nos dice que tenemos que desayunar al día siguiente ahí. También se ofrece a llevarnos al día siguiente a Ribadiso, pero no sabemos si ir con él o no (puede ser muy fuerte aguantarle todo el día).

Nos da su teléfono y quiere el nuestro, pero le toreo y no se lo doy. Cenamos bocatas y cerveza, barato y consistente… ¡cómo está el pan en Galicia!

Durante dos horas me he convertido en una auténtica forofa del Atlético de Madrid, por no quitarle la ilusión al pobriño de Borja, que “sentía una conexión”. Hay que ver, de algo me ha servido estar cerca de ese equipo tantos años. ¡Pido perdón al Real Madrid!, qué carazo. Risas, muchas risas cómplices entre nosotros dos.

Cotilleamos la pastelería donde vamos a desayunar mañana, de camino al hostal, y nos tomamos el gin-tonic de costumbre cuando llegamos. Avisamos de que no vamos a desayunar y nos agradecen el “buen hacer”. La familia está muy unida y terminamos el gin-tonic viéndoles cenar “pan y pillao”. Nos dan a probar el queso de cabra… “sólo cabra”. Moncho es el padre de familia, dice que cierran a las 22:00, pero para los de casa a las 23:00… son las 23:45 y estoy escribiendo esto en directo.


Durante la cena acogen a D.Manuel y le dan de cenar. D.Manuel es una persona de unos 60 años, entrañable, pero que parece algo solo (puede ser viudo) que ha estado sentado en una mesa solo todo el tiempo, hablando de vez en cuando con los camareros y con la familia de éstos.

Más tarde de las 12 nos acostamos, y dormimos a ratos, despertados por las campanas de una iglesia que parece que está al lado de la ventana.

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martes, 15 de septiembre de 2009

CAMINO DE SANTIAGO 2009. DÍA 12: LUGO - LUGO


18 de agosto de 2009

Nos levantamos poco antes de las 9 y nos vamos a desayunar, con una brumilla por Lugo que esperemos levante a lo largo de la mañana. Encontramos a la primera un sitio con zumo de naranja natural y tostadas, y ahí desayunamos viendo (que no oyendo) las noticias leyendo el periódico. De ahí vamos a ver el centro de interpretación del Camino de Santiago que no es gran cosa, pero para pasar el rato vale. Como hace fresco y vamos en manga corta y sandalias volvemos al hostal a cambiarnos. Visitamos después el Museo provincial, que es muy bonito, muy completo y ahora Inés dirá más al respecto. Tras la visita y la caña de rigor, llamo a Juanjo por tercera vez (anoche lo llamé dos veces) y como no contesta, le dejo un mensaje, no sea que como es el teléfono de Inés y no lo conoce, no conteste por eso, pero ni aun así da señales de vida.

Lo más bonito del museo ha sido la sala de cocina que es una recreación de las cocinas tradicionales gallegas, con chimenea, utensilios y mobiliario auténticos. También la cerámica, los abanicos y, como no, todo tipo de abalorios. Visito el baño que es uno de los más limpios que he visto en este viaje. Me acuerdo mucho de mi madre y de su colección de cerámica que tiene en el salón de Vinateros. La llamo… ¡qué morriña, carallo!

Tras el museo, cañas en una terraza muy agradable en los soportales de la Praza do Campo, muy entretenidos con la gente que pasa y disfrutando del tiempo, que ya ha salido el sol y se agradece una sombrita.

Vamos después a comer y tras mirar en varios sitios entramos en uno con buena pinta y menú por ocho euros, nos sentamos y esperamos un buen rato, pues sólo hay un camarero para todas las mesas. Pero cuando sirven el primer plato a unos que legaron después que nosotros y aún ni nos han dicho qué queremos comer, le decimos educadamente al camarero que cuando pueda nos tome nota. Nos pregunta de malos modos si tenemos prisa y cuando le decimos asertivamente que lo que sucede es que ha atendido antes a los otros, nos vuelve a soltar una bordería, por lo que nos levantamos y nos vamos. Entramos en la cafetería de un centro comercial, también hasta arriba y con un solo camarero, pero con mucho mejor talante, así que nos quedamos y pedimos ensaladilla rusa y lubina (Inés) y canelones y merluza (yo). Cuando nos traen el segundo plato, yo me como la lubina e Inés la merluza.

Tras la comida, nos vamos al hostal y descansar y hacer caso a los pies de Inés que necesitan un poco más de descanso. Inés prueba por enésima vez si le funciona el móvil y ¡oh, sorpresa!, ¡funciona! Vemos un poco los mundiales de atletismo, nos duchamos y salimos a cenar. Al lado de la entrada de la muralla encontramos una pulpería que tiene buena pinta. Además, como el camarero, natural de Jaca, es muy simpático, nos quedamos, pero no pedimos pulpo, sino gambas y sepia a la plancha. Un sitio muy agradable con la muralla rodeándonos, tarta de queso y ribeiro exquisitos.

Damos un paseo por la muralla de noche y por fin vemos las estrellas. Me quedo con la mía de siempre, la que brilla por mí: Júpiter. Bajamos de la muralla a la altura de la catedral, donde hay unos novios haciéndose fotos. Un sitio precioso, me gustan las ciudades “bien iluminadas” de noche. Me estoy poniendo romántica y decidimos parar en el bar de ayer a visitar el baño común (sirve para chicos y para chicas) y despedirnos de Lugo con una copita.


Cuando llegamos al hostal nos encontramos en la puerta del portal a Chus con dos hombres, y nos dice que ha estado tapeando algo y como no tiene costumbre de beber se le ha subido un poco y tiene un puntito. Yo creo que está pedo e Inés que van a hacer un trío. Menos mal que el baño no es compartido.

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CAMINO DE SANTIAGO 2009. DÍA 11: RIBADEO - LUGO


17 de agosto de 2009

A las ocho y pico nos despierta una mosca (una de tantas), y como está lloviendo, remoloneamos un rato viendo ocho veces como Usain Bolt bate el record mundial de los cien metros lisos (¿habrá encontrado un atajo?). A las nueve y media nos levantamos, nos vestimos y salimos a dejar las mochilas en el bar de la pensión, pero está cerrado así que volvemos a la habitación a dejar las mochilas y nos vamos a desayunar donde cenamos el otro día con los peregrinos que conocimos en Luarca, amenizados otra vez por Usain Bolt y su record. Por fin encontramos zumo de naranja natural. Tras el fracaso de ayer, hoy vuelve a ser "día sin pulpo”. Por favor, lo necesito, que Luis está mutando y ya no sé cómo pararle sus tentáculos.

Volvemos a la pensión a dejar las mochilas en el bar y estamos un rato hablando con Lorenzo. Lorenzo está impactado con lo bien que hace Luis su colada y lo preocupado que está por ella. Ha llovido toda la mañana y, aunque me dejaron tender a cubierto, todo un detalle por su parte, sigue mojada, así que decide guardarla así, no sin mi toque para doblarla (“para eso está ella” GRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR).

Cuando terminamos de meter la ropa en la mochila ya ha dejado de llover (Ley de Murphy) y hacemos tiempo dando un paseo. Como Inés se resiente de sus pies no tenemos más remedio que meternos en un bar a tomar un vermut y una cerveza y ver a las moscas cortejarse (pero sin grititos como el halcón). Mientras estamos tomando las cervezas vemos pasar a la pareja de alemanes (Marina y Michael) y salgo a saludarles. Entran, se toman algo con nosotros y pasamos un buen rato hablando de nuestras profesiones (ellos son profesores y también funcionarios), de nuestras Iglesias (la alemana a años luz por delante de la nuestra) y de nuestros proyectos en estos días (ellos están jubilados y tienen todo el tiempo que quieran para hacer el Camino). Qué graciosos, se van pasando el diccionario de uno al otro durante toda la conversación… se les entiende muy bien. Viven en una urbanización (suburbio según el diccionario) a las afueras de Frankfurt y también usan a veces transporte público para hacer el Camino.

Tras ello, de nuevo a la estación de autobuses, destino Lugo. La salida del autobús es muy bonita, por la ría del Eo y luego remontando dicho río, escoltada la carretera por eucaliptos. Luego nos dormimos casi hasta llegar a Lugo, donde hace sol.

Una vez en Lugo lo primero es buscar alojamientos, y tras dar unas cuantas vueltas, unos peregrinos nos dicen donde está el albergue, y ahí les explicamos que somos unos peregrinos reconvertidos, y preguntamos por una pensión barata. Nos dicen una, vamos, pero no contestan, así que vamos a la del al lado, que echa para atrás nada más entrar en el portal, porque huele fatal, pero en el hostal huele bien y además nos dan una habitación espaciosa, con baño y dos camas por 30 euros/noche. Se llama Hostal Buenos Aires.

Como son las 4 de la tarde, vamos corriendo a comer a un sitio que nos recomienda Chus, la dueña, que está muy cerca y se llama Breogán. Comemos sopa de fideos y filete (Inés) y callos con garbanzos y albóndigas (yo). Al terminar volvemos al hostal, descansamos un rato, vemos otra vez a Usain Bolt y su record de los 100 m. lisos, nos duchamos y vamos a la oficina de turismo, que localizamos justo cuando están cerrando, pero nos dan un plano y nos dicen algunas cosas para ver. Entramos en Zara porque a Luis le pica la camiseta nueva del Lidl, ¡¡las costuras son de hilo de pescar!! Camiseta morada para él y verde para ella.

Cervecitas, visita a la catedral, paseo por la muralla (nos la recorremos toda, todita), lavado de pies en una fuente de la plaza mayor, para quitarnos el polvo de la tierra que hay en la muralla, y regreso al hostal a descansar un poco, descanso que viene muy bien a mis pies y a algo más.

A las 22 h. salimos en busca de un sitio para cenar y de paso recibimos noticias del padre de Luis, que andaba con unas decimillas y ya está mejor. Juanjo no responde a las llamadas. Cenamos en un mesón que resulta muy agradable: Ribeiro, revuelto de gambas y gulas, atún a la plancha y langostinos también a la plancha. Tarta casera de queso para terminar, con un orujito de hierbas para ella y de café para él.


Después paseíto por Lugo de noche, con sesión fotográfica y en el paseo, por una plaza, pasa una bici y se le cae a nuestro lado una bolsa, la recogemos y se la damos como si de un control de avituallamiento de la Vuelta se tratara. Paramos a tomar un gin tonic y un ron con Coca Cola, en un sitio muy agradable al aire libre en el casco antiguo de Lugo, dentro del recinto de la muralla con música de jazz de fondo. Jugamos con unos cachorros muy graciosos e Inés no me deja darle la mano hasta que no me la lave… las babas de los perros y las suyas.

¡DÍA SIN PULPO CONSEGUIDO!

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