martes, 15 de septiembre de 2009

CAMINO DE SANTIAGO 2009. DÍA 12: LUGO - LUGO


18 de agosto de 2009

Nos levantamos poco antes de las 9 y nos vamos a desayunar, con una brumilla por Lugo que esperemos levante a lo largo de la mañana. Encontramos a la primera un sitio con zumo de naranja natural y tostadas, y ahí desayunamos viendo (que no oyendo) las noticias leyendo el periódico. De ahí vamos a ver el centro de interpretación del Camino de Santiago que no es gran cosa, pero para pasar el rato vale. Como hace fresco y vamos en manga corta y sandalias volvemos al hostal a cambiarnos. Visitamos después el Museo provincial, que es muy bonito, muy completo y ahora Inés dirá más al respecto. Tras la visita y la caña de rigor, llamo a Juanjo por tercera vez (anoche lo llamé dos veces) y como no contesta, le dejo un mensaje, no sea que como es el teléfono de Inés y no lo conoce, no conteste por eso, pero ni aun así da señales de vida.

Lo más bonito del museo ha sido la sala de cocina que es una recreación de las cocinas tradicionales gallegas, con chimenea, utensilios y mobiliario auténticos. También la cerámica, los abanicos y, como no, todo tipo de abalorios. Visito el baño que es uno de los más limpios que he visto en este viaje. Me acuerdo mucho de mi madre y de su colección de cerámica que tiene en el salón de Vinateros. La llamo… ¡qué morriña, carallo!

Tras el museo, cañas en una terraza muy agradable en los soportales de la Praza do Campo, muy entretenidos con la gente que pasa y disfrutando del tiempo, que ya ha salido el sol y se agradece una sombrita.

Vamos después a comer y tras mirar en varios sitios entramos en uno con buena pinta y menú por ocho euros, nos sentamos y esperamos un buen rato, pues sólo hay un camarero para todas las mesas. Pero cuando sirven el primer plato a unos que legaron después que nosotros y aún ni nos han dicho qué queremos comer, le decimos educadamente al camarero que cuando pueda nos tome nota. Nos pregunta de malos modos si tenemos prisa y cuando le decimos asertivamente que lo que sucede es que ha atendido antes a los otros, nos vuelve a soltar una bordería, por lo que nos levantamos y nos vamos. Entramos en la cafetería de un centro comercial, también hasta arriba y con un solo camarero, pero con mucho mejor talante, así que nos quedamos y pedimos ensaladilla rusa y lubina (Inés) y canelones y merluza (yo). Cuando nos traen el segundo plato, yo me como la lubina e Inés la merluza.

Tras la comida, nos vamos al hostal y descansar y hacer caso a los pies de Inés que necesitan un poco más de descanso. Inés prueba por enésima vez si le funciona el móvil y ¡oh, sorpresa!, ¡funciona! Vemos un poco los mundiales de atletismo, nos duchamos y salimos a cenar. Al lado de la entrada de la muralla encontramos una pulpería que tiene buena pinta. Además, como el camarero, natural de Jaca, es muy simpático, nos quedamos, pero no pedimos pulpo, sino gambas y sepia a la plancha. Un sitio muy agradable con la muralla rodeándonos, tarta de queso y ribeiro exquisitos.

Damos un paseo por la muralla de noche y por fin vemos las estrellas. Me quedo con la mía de siempre, la que brilla por mí: Júpiter. Bajamos de la muralla a la altura de la catedral, donde hay unos novios haciéndose fotos. Un sitio precioso, me gustan las ciudades “bien iluminadas” de noche. Me estoy poniendo romántica y decidimos parar en el bar de ayer a visitar el baño común (sirve para chicos y para chicas) y despedirnos de Lugo con una copita.


Cuando llegamos al hostal nos encontramos en la puerta del portal a Chus con dos hombres, y nos dice que ha estado tapeando algo y como no tiene costumbre de beber se le ha subido un poco y tiene un puntito. Yo creo que está pedo e Inés que van a hacer un trío. Menos mal que el baño no es compartido.

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