18 de agosto de 2009
Lo más bonito del museo ha sido la sala de cocina que es una recreación de las cocinas tradicionales gallegas, con chimenea, utensilios y mobiliario auténticos. También la cerámica, los abanicos y, como no, todo tipo de abalorios. Visito el baño que es uno de los más limpios que he visto en este viaje. Me acuerdo mucho de mi madre y de su colección de cerámica que tiene en el salón de Vinateros. La llamo… ¡qué morriña, carallo!
Tras el museo, cañas en una terraza muy agradable en los soportales de la Praza do Campo, muy entretenidos con la gente que pasa y disfrutando del tiempo, que ya ha salido el sol y se agradece una sombrita.
Vamos después a comer y tras mirar en varios sitios entramos en uno con buena pinta y menú por ocho euros, nos sentamos y esperamos un buen rato, pues sólo hay un camarero para todas las mesas. Pero cuando sirven el primer plato a unos que legaron después que nosotros y aún ni nos han dicho qué queremos comer, le decimos educadamente al camarero que cuando pueda nos tome nota. Nos pregunta de malos modos si tenemos prisa y cuando le decimos asertivamente que lo que sucede es que ha atendido antes a los otros, nos vuelve a soltar una bordería, por lo que nos levantamos y nos vamos. Entramos en la cafetería de un centro comercial, también hasta arriba y con un solo camarero, pero con mucho mejor talante, así que nos quedamos y pedimos ensaladilla rusa y lubina (Inés) y canelones y merluza (yo). Cuando nos traen el segundo plato, yo me como la lubina e Inés la merluza.
Tras la comida, nos vamos al hostal y descansar y hacer caso a los pies de Inés que necesitan un poco más de descanso. Inés prueba por enésima vez si le funciona el móvil y ¡oh, sorpresa!, ¡funciona! Vemos un poco los mundiales de atletismo, nos duchamos y salimos a cenar. Al lado de la entrada de la muralla encontramos una pulpería que tiene buena pinta. Además, como el camarero, natural de Jaca, es muy simpático, nos quedamos, pero no pedimos pulpo, sino gambas y sepia a la plancha. Un sitio muy agradable con la muralla rodeándonos, tarta de queso y ribeiro exquisitos.
Cuando llegamos al hostal nos encontramos en la puerta del portal a Chus con dos hombres, y nos dice que ha estado tapeando algo y como no tiene costumbre de beber se le ha subido un poco y tiene un puntito. Yo creo que está pedo e Inés que van a hacer un trío. Menos mal que el baño no es compartido.
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