jueves, 17 de septiembre de 2009

CAMINO DE SANTIAGO 2009. DÍA 15: ARZÚA - PEDROUZO


21 de agosto de 2009

Nos levantamos a las 5 de la mañana, nos vestimos y desayunamos en la habitación, y a las 5:30 empezamos a andar. Se nos “olvidan” mis bolsas de frutos secos y el desodorante en crema de Inés, que se había comprado uno roll on ayer cuando fuimos a comprar el desayuno.

Empezamos a andar de noche cerrada, viendo las estrellas, entre las que destaca la Vía Lactea, y alguna estrella fugaz, sin ninguna complicación física de momento. Nos vamos encontrando con más peregrinos, con visitas de la Santa Compaña cuando miramos hacia atrás; unos van más deprisa y nos adelantan, y otros más despacio y les adelantamos, lo cual nos indica que llevamos un ritmo normal. Uno de los que nos adelantan es Santos, que coincidimos con él en Sebrayo, pero no nos reconoce y pasa tan “deprisa” que no nos da tiempo a recordar su nombre y llamarle. Cuando amanece, para entretenernos en la marcha, comenzamos el concurso de canciones Silvio vs Aute.

A las 3 horas paramos en un bar a reponer fuerzas, porque además Inés se está resintiendo de los pies, y la parada nos sienta muy bien. Conforme nos acercamos a Pedrouzo, empezamos a ver publicidad de los albergues privados. Cabe destacar la publicidad del albergue Porta de Santiago, que nos desea buen camino en una grabación de voz. Vuelven las hortensias a decorar las casas y las flores a decorar el camino.

Llegamos a Pedrouzo sobre las 10 de la mañana, tras cuatro horas y media de caminata y 415 metros de desnivel. Miro por curiosidad el albergue de peregrinos y ya hay unas 20 personas esperando en la cola a que abran.

Buscamos pensión por si podemos no ir al Bule-Bic, pero está todo el pueblo hasta arriba y no queda una plaza. Nos llaman del Bule-Bic para confirmar, y les decimos que sí, pero que llegaremos sobre las 4, por si encontramos algo antes. Buscando habitación nos encontramos con uno de Valencia que va de apoyo con un par de parroquias, y charlamos un rato con él.

Al final no encontramos nada, así que decidimos ir al Bule-Bic. Hacemos algo de tiempo tomando una cerveza enfrente del albergue Porta de Santiago, donde saco una foto al cartel anunciador de las mejores fiestas de toda España, y vemos cómo van llegando peregrinos, entre los que destacan un grupo con la bandera de España y otro de orientales (japoneses, chinos, vietnamitas, coreanos o algo así). Al cabo del rato vemos que hay una discusión en la cola del albergue, y parece ser que es porque unos se quieren colar. Al rato vemos que los que se quieren colar son los de la bandera (típico).

Vamos a la pensión a dejar las cosas, aunque son las 12:30. La habitación es muy hermosa, espaciosa, con televisión de pantalla plana y muy buenas vistas. El baño es compartido, pero como resulta que aún no ha llegado casi nadie, está muy limpio, por lo que aprovechamos para ducharnos. Después nos vamos a tomar el aperitivo, porque Inés tiene mucha hambre, además de mucho sueño. Cuando estamos tomando el aperitivo vienen los chino/japoneses/coreanos/vietnamitas/tailandeses/tibetanos (y dos piedras) y resulta que son scouts.

El camino hasta aquí ha sido muy bonito y muy entretenido porque hemos caminado rodeados de gente. Hay un grupo grande de scouts y otro con una monjita.

Comemos en el Chewaka (Ah, no, Che4) ensalada mixta (con mucho atún) y pechugas de pollo (Inés) y pescado a la plancha (yo). Después a la pensión a dormir la siesta (laaaaaaaaaaaaargaaaa) y ver la televisión, y a las 7:30 salimos, tras un masaje a mis pies, para comprar el desayuno de mañana y tomar una cervecita antes de cenar. De camino vemos a un peregrino que viene todo maltrecho, y me viene a la cabeza una chica que vimos esta mañana con los pies vendados y betadine en sus dedos, y lo debía estar pasando fatal. Nos hace plantearnos el poder de la mente y el inmenso esfuerzo que hacen algunos por llegar a Santiago, no exento de excesivo sufrimiento, y nos planteamos, ¿merece la pena? En nuestra opinión tanto sufrimiento no es bueno, aunque sí es cierto que con el paso del tiempo lo que queda es la alegría de llegar a Santiago, y el sufrimiento se queda al margen. Claro, que seguramente ninguno de ellos ha tenido fascitis plantar.

Cuando llegamos a una placita me doy cuenta de que me he dejado la cámara de fotos en el hostal y vuelvo a por ella. En el ascensor me encuentro a un pibe un tanto extraño que va a subir también, y cuando le pregunto a qué piso va, me dice que no sabe y aprieta el quinto. Como la pensión sólo tiene 3 pisos, el ascensor no hace nada, y entonces me dice que recuerda que su piso era el último, así que les dejo a su borrachera y a él en el segundo (mi piso) y luego suben ellos (supongo). Una vez en la habitación, alarma, no está la cámara, pero la alarma dura poco, porque la tengo en el bolsito. No se lo digáis a Inés, que se va a reír de mí. ¡Carallo que despistao!, pobriño.

Cenamos en un restaurante del pueblo, premio a la seguridad en el trabajo, chipirones a la plancha muy salados, pulpo duro y muy picante y queso de Arzúa, que a mí me gusta, pero a Inés le parece muy suave. No ha sido una buena elección el sitio, pero en nuestra defensa diré que Pedrouzo ni tiene tascas ni bares de “toda la vida”, sino que se ve muy comercializado a costa del peregrino. Tras la cena, un licorcito, en copa de balón, bien surtido.

He sido declarado vencedor del concurso de canciones, lo que me exime de pagar la mariscada en Santiago para conmemorar nuestros 10 meses de proyecto (o lo que sea). ¡Ay, carallo!, ¡alma de cántaro!, que no tiene nada que ver.

A las 22:30 estamos en la pensión y con muchas ganas de llegar a Santiago. ¡Mañana va a ser un gran día! Luis se ha emocionado en algún momento sólo de pensarlo. Yo guardo los frutos secos que nos han puesto con los licorcitos, para tomarlos en la Plaza del Obradoiro viendo llegar a los peregrinos. Hemos hablado con Geli y también eso nos ha animado más si cabe.


Nos acostamos e intentamos dormir, pero entre la discoteca de debajo de la pensión, los nervios y, en mi caso, el lingotazo de orujo de café que me he tomado, no dormimos apenas nada.

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