Hoy era el día de crearlo. He trabajado sin problemas ni discusiones, he comido con mis mejores amigos (faltó Ignacio, a causa del trabajo), he ido a ver a mis padres, y luego voy a tomar algo por el barrio con los amigos... para completar el día sólo me faltaba crear el blog :) (27 de mayo de 2008)
Hoy en día es por todos conocido el tema de la Deuda Externa de los países subdesarrollados, o al menos todos hemos oído hablar de ello. Lo que quizás no tengamos tan claro como es que hay países que tienen tanto y otros que están debiendo continuamente dinero a esos países tan ricos. ¿Es que lo han malgastado, abusaron de su dinero en el pasado?
Para acercarme a una respuesta al respecto, voy a hacer un viaje en el tiempo, y me iré al siglo X. Las diferencias entre los países africanos, americanos, asiáticos y europeos no eran muy grandes, todas las civilizaciones estaban más o menos a la par en desarrollo y riquezas. Si viajamos más aún en el tiempo, tenemos que admirar la civilización egipcia, la maya, la azteca, la inca, la china, la romana, entre otros, más o menos todas con igual progreso.
En éstas, a nuestros antepasados europeos les dio por conocer qué había allende las fronteras, al igual que a los chinos, por ejemplo. Pero si bien los chinos fueron, vieron y volvieron, el afán conquistador (arrasador) de los europeos les llevó más allá.
Llegaron primero a África, y como descubrieron algunos países tenían el subsuelo lleno de diamantes, oro y otras piedras preciosas, se instalaron allí y empezaron a explotar el subsuelo (y a los habitantes de ese subsuelo).
Luego los españoles descubrimos América, y empezó la ardua tarea de la colonización (invasión), donde les impusimos nuestra religión y cultura, pero a cambio nos llevamos su oro y resto de riquezas. Desde luego, mejor les fue a los americanos del sur que a los del norte, donde los ingleses y sus descendientes no sólo se llevaron las riquezas de los oriundos de allí, sino que prácticamente extinguieron las razas que ahí habitaban. Nosotros les dejamos pobres, pero al menos vivos.
Transcurrió el tiempo, y se fueron independizando los países, primero Estados Unidos y después más países de América y luego de África. Cabe destacar el reparto de países de África, hecho con regla en vez de respetar las distintas culturas allí existentes. El caso es que con la independencia de los países, había que hacer algo para que no se acabara el robo de las riquezas que esos países tenían; ¿qué era lo mejor? Poner en los gobiernos personas afines, y usar el viejo dicho “Divide y vencerás” promoviendo luchas tribales, que además viene muy bien a la industria armamentística y es un modo más de hacer depender a esos países de éstos. Mientras tanto, a nadie le interesaron temas tan poco importantes como la educación, la higiene o la sanidad de esas personas.
En definitiva, llegaron, empobrecieron los países y se llevaron su materia prima, sin dejarles desarrollarse y con el beneplácito de sus gobiernos amigos, que obviamente también se enriquecieron a costa del pueblo. Con este plantel, no es difícil que los países se endeudaran. Entonces llegamos los países ricos, les prestamos dinero para que puedan subsistir, pero comprándonos el material a nosotros y al precio que digamos, y luego les hacemos que nos lo devuelvan con unos intereses usureros. Es como si yo entro en una casa, les robo todo, les doy dinero para que se compren otros muebles (pero que no sea en el Ikea, sino en la tienda que yo diga, donde aparte de ser mucho más caro, me llevo una buena comisión) y les cobro un interés del 20% anual. Así es muy fácil que haya pobres y ricos.
Artículo publicado en el diario "El País" el martes, 27 de octubre de 2009, acerca del Sínodo de los Obispos de África. Autor: Miguel Mora
África se perfila como nuevo vivero del catolicismo - Los obispos de la región asumen el discurso antiglobalización y una renovada Teología de la Liberación
El encuentro ha recogido el grito de rebelión de las mujeres
El catolicismo en el continente ha aumentado un 700% en 10 años
Muchos recuerdan en Roma que el día que Karol Wojtyla fue elegido Papa, en 1978, Carlo Cremona, un cura que comentaba el cónclave en la radio, exclamó en directo: "¡Han nombrado a un Papa negro!". Casi 20 años después, la canción Sarà vero, vogliamo un Papa Nero (Será verdad, queremos un Papa negro), fue un éxito en el Festival de San Remo y la canción más oída de 1997.
¿Pero acaso está listo el catolicismo para hacer lo que ha hecho Estados Unidos eligiendo a Barack Obama presidente de la nación? ¿Tendrá el Vaticano alguna vez un jefe negro o, como diría Berlusconi, bronceado?
La idea puede sonar descabellada, pero Filipo Di Giacomo, ex misionero en Congo durante 12 años, recuerda que sería sólo un retorno a los orígenes, "ya que en la serie de los primeros 10 sucesores de San Pedro, cuatro eran africanos o, mejor dicho, afer, es decir, negro de piel".
En las tres últimas semanas, el sínodo africano ha reunido en Roma a 247 obispos y 14 cardenales del continente hambriento. La asamblea, que se cerró el pasado viernes, ha reflexionado sobre los problemas africanos y ha abordado el futuro de una forma crítica.
Sobre el desarrollo, y sus vertientes paz y justicia, los obispos han lanzado duras críticas contra la política financiera y han hecho suyas ideas de los foros antiglobalización. El documento final achaca "guerras y conflictos, crisis y caos" a las "decisiones y acciones de personas que no tienen ninguna consideración por el bien común y, a menudo, a la complicidad trágica y criminal entre responsables locales e intereses extranjeros".
Los obispos han denunciado el saqueo de riquezas naturales por parte de las multinacionales que recurren a la corrupción de las élites políticas locales. "Lo que hacen BP, Shell o Mobil en el delta del Níger no puedo imaginar que lo hagan en el Mar del Norte o en Tejas", dijo John Olorunfemi Onaiyekan, arzobispo de Abuja (Nigeria).
El sínodo reclama un modelo de comportamiento ético a las empresas que operan en África, critica la falta de formación de las clases dirigentes locales africanas y clama contra la Organización Mundial del Comercio, que "sofoca el desarrollo de las agriculturas y las industrias locales impidiendo el autoabastecimiento". "Al contrario que en el sínodo de 1994, esta vez África se ha contado a sí misma desde dentro", explica Filippo di Giacomo. "Lo que es indignante es que una reunión abierta con un documento que parece escrito por Gramsci y que toca todos los temas que la izquierda invoca en campaña electoral haya sido ignorada por un idiota prejuicio anticlerical. El sínodo ha sido una asamblea del Tercer Mundo como las de Bandung [Indonesia] y Medellín [Colombia] en los años cincuenta y setenta, pero la izquierda, otra vez, ha mirado hacia otro sitio".
Además, en Roma se ha oído el grito de rebelión de las mujeres africanas. El cardenal Turckson, de Cabo Costa (Ghana), reputado sociólogo, dijo que es necesario "evangelizar la cultura tradicional para liberarla de la poligamia, la violencia doméstica, las discriminaciones en las herencias, los matrimonios forzosos...". Felicia Harry, superiora de la Congregación de las Misioneras de Notre Dame des Apôtres, ha reivindicado que "las monjas no deben servir sólo para enseñar el catecismo, decorar las Iglesias, lavar o remendar los hábitos, sino que deben formar parte de los consejos parroquiales y diocesanos".
La coexistencia con el Islam es otro tema crucial. El sínodo ensalza la cohabitación de países como Nigeria, Ghana o Camerún, alejada del modelo violento que rige en lugares como Sudán, donde ha habido seis crucificados en las últimas semanas.
Los obispos han pedido al Vaticano que adapte las liturgias del continente al rito clásico latino (medida aprobada ya en Congo por el cardenal Ratzinger en 1987). Y han recordado que la disciplina canónica en ambientes de hambre, enfermedad, pobreza y promiscuidad, "debe servir como alternativa social inspirada en las categorías culturales del pueblo y no de las jerarquías".
Además, defienden la versión africana de la Teología de la Liberación, elaborada, entre otros, por dos cameruneses: el teólogo jesuita asesinado Engelbert Mweng, y su discípulo Jean Marc Ela, recientemente fallecido en Canadá. "Nuestras diócesis deben ser modelos de buen gobierno, de transparencia y de buena gestión financiera", dicen las conclusiones. "Tenemos que seguir haciendo lo posible por combatir la pobreza, gran obstáculo a la paz y a la reconciliación. Las sugerencias en este ámbito para crear programas micro-financieros merecen una atención particular".
En la última década, el catolicismo africano ha aumentado sus fieles en un 700%, según el Vaticano, y hoy el 30% de las parroquias italianas tienen párrocos extracomunitarios, en su mayoría subsaharianos. Dentro de 10 años, África será uno de los grandes viveros del catolicismo, y con un 25% de bautizados superará el 20% que habrá en Occidente. "Ese peso se reflejará sin duda en la composición del cónclave", subraya Di Giacomo.
En Roma se esperaba desde hace tiempo que el Papa llamara a algún cardenal africano a trabajar en la Curia. Finalmente el elegido fue uno de los considerados papables, Kodwo Appiah Turkson, de Ghana, que había sido el relator del Sínodo y concelebró la misa con Benedicto XVI. Fue designado para presidir la Comisión de Justicia y Paz, algo así como un ministerio vaticano.
El artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ésa que la ONU aprobó en 1948, dice:
1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado. 2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país.
En resumen, todos tenemos derecho a vivir en el país que queramos, y mucho más aún a visitarlo.
Parece que queda claro, pero al hilo de mi anterior entrada, lo que está claro es que no se cumple.
Nuestro amigo Theodore no podía salir “legalmente” de su país, porque no le quieren en ningún otro país. Llegó a Marruecos, y tuvo que estar escondiéndose de la policía marroquí, con el riesgo de que si le descubrían, le dejarán en medio de la nada sin ningún tipo de alimentos, a expensas del desierto y las alimañas (no sé ahora mismo si es más alimaña una hiena o los que piensan y permiten esto) y con unas probabilidades de muerte considerables.
Aquí en España somos más civilizados, le podríamos haber echado al mar, y sin embargo somos tan buenos que esperamos que se llene un avión de compatriotas suyos, y les dejamos en su país de origen. Allí no están a expensas del desierto, pero sufrirán la vergüenza del fracaso y, lo que es peor, se encontrarán de nuevo con el mismo panorama del que huían: hambre, subdesarrollo, falta de higiene y sanidad, muy pocas o nulas posibilidades de salir adelante. En definitiva, volverán a intentar venirse a Europa hasta que lo consigan, o ese sueño les venza. Y estarán otra vez expuestos a las mafias (ahí sí tengo claro que una hiena es mucho más civilizada que los indeseables que trafican con personas), y a perecer ahogados en el anonimato del naufragio de una patera más. ¿Somos mucho más civilizados?
Si lo fuéramos, no estaría la policía haciendo redadas continuamente en las estaciones de Chamartín, Plaza de Castilla, Nuevos Ministerios, Atocha y Sol, ni pidiendo papeles a toda persona de color que les da la gana, elaborando órdenes de expulsión a diestro y siniestro e impidiendo la libre circulación de personas (seres humanos, como tú y como yo) que lo único que quieren es un mísero trabajo con el que poder comer y ahorrar algo para salvar a sus familias (la mayoría están casados y con hijos, que viven en su país de origen) que no han tenido la misma suerte que ellos y necesitan su ayuda. Los españoles ya lo hicimos en la postguerra, y no se nos solía tratar como unos apestados.
Si además de incumplir los derechos humanos, no aprendemos de la historia, el futuro que dejamos a nuestro planeta no va a ser muy halagüeño precisamente.