La tierra se iba preparando para lo que predecía; temblaba como temblabas tú con tus estertores buscando aire desesperadamente, usando toda tu alma para mantener la vida, para conservarla lo máximo posible.
El cielo iba limpiando tu camino desde hacía tiempo; el invierno más húmedo de los últimos años tenía como fin que no te cruzaras con una mota de contaminación en tu subida a la Vida.
Y el día tenía que ser hoy, 8 de marzo, día de la mujer trabajadora, como homenaje a la persona que más has querido, a la persona que has amado con fuerza, con los cinco sentidos, incluso cuando te empezaron a fallar. Siempre estaba ella presente, querida, admirada, idolatrada. Una mujer trabajadora como pocas, tu querida mujer y mi querida madre.
Y hoy el cielo se levantó soleado para acogerte; desde que vi por la ventana de tu habitación del Sanatorio, que tan bien te ha querido y cuidado tus últimos días, el sol entrando por la ventana, sabía que éste iba a ser tu día (Carlos está como testigo). Preparación necesaria para tan triste, pero a la vez grandioso acontecimiento. Hoy ya no eres terrestre, eres celeste, de cielo, de aire, eres acuoso, del agua, eres luz. Ese aire que tanto te costaba respirar, ahora es tu esencia; ese agua que tanto esfuerzo invertíamos en que te bebieras, ahora es tu alma; esa luz que tanto te molestaba en tus últimos días, ahora es tu Naturaleza.
Qué fuerza sobrehumana te mantuvo en este vida, más tiempo del que todos pensaban, fuerza que sirvió para unir a tu familia, algo desmembrada. Todos unidos estábamos cuando ingresaste por última vez en el Sanatorio, y juntos estuvimos los tres días que permaneciste en coma. Tres días... paradojas de la vida, los mismos que estuve yo hace 30 años, pero con tan distinto resultado.
Y te fuiste ante los ojos de tu mujer y tu hermana, para no hacer sufrir a tus débiles hijos, que tanto te hemos querido y cuidado. Manuel en el trabajo, Carmita ausentándose un minuto de la habitación, y yo que acababa de salir a casa para ducharme, porque lo veía inminente. No quisiste que sufriéramos al verte dejarnos, te fuiste como viviste, escoltado por tu mujer y cerca de tu hermana.
Papá, tuve la gran suerte de poder despedirme de ti, de pasar tu última noche agarrado de tu mano, de quererte con mi alma, aunque sé que tú me quisiste más, o por lo menos de otra forma, la forma con la que te habían educado.
Me llegan recuerdos a mi mente ahora, los paseos por el río Guadarrama, por el mar Mediterráneo, explicándonos la vida, nuestro vano intento de ver el cometa Halley, nuestras discusiones, los castigos que casi siempre perdonabas, tu amor, tu infinito amor a tu mujer y a tus hijos... lo bueno que has sido siempre con todos. Y me quedo con eso, con lo bueno que has sido siempre, lo que me has enseñado, lo que hemos paseado, lo que hemos intentado, lo que has amado... y por eso te quiero tanto, Padre, Papá, Manuel, Manolo.
Acuérdate de nosotros desde tu nueva esfera de energía, desde tu recién creada morada al amparo del Dios vivo. Te quiero.