lunes, 13 de febrero de 2012

LÁGRIMAS Y BELLEZA


Te preocupas por tus lágrimas, por tu cansancio, por tu tristeza… y dices que estás muy fea, que no quieres que te vea así.

Yo también prefiero verte feliz, por supuesto; verte contenta, alegre, sonriendo (con esa sonrisa que podría terminar con cualquier guerra), riendo (tu risa es capaz de mover el universo), charlando distendidamente, cogidos de la mano, mirándonos a los ojos y compartiendo momentos mágicos.

Pero no siempre podemos sonreír, ni tenemos ganas de ello. E incluso a veces lo único que nos salen son lágrimas, quejas, lamentos…

Y es en esos momentos cuando más me apetece estar contigo, no porque sean los momentos más divertidos, sino precisamente por todo lo contrario, porque quiero estar contigo en lo bueno y en lo malo -lo de la salud y la enfermedad, la riqueza y la pobreza lo dejamos aparte-. Quiero apoyarte cuando lo necesites, escuchar tus dudas, tus aflicciones… quiero que en esos momentos, más que nunca, me sientas cercano, sepas que hay alguien a tu lado dispuesto a cogerte de la mano y levantarte si es preciso.

Apóyate en mí, apóyate en mi hombro cuando lo necesites, cuéntame lo que quieras que te escucharé, te comprenderé y, si tengo que secar tus lágrimas (si es posible con mis besos), lo haré con todo el gusto del mundo.

Y no te preocupes, que nunca vas a estar fea; ni aunque estés triste, ni aunque tu cara esté llena de lágrimas, porque más bella aún (si cabe) que la belleza de tus rasgos, es tu verdadera belleza, la dulzura de tu interior, y ésa no va a cambiar nunca.