sábado, 29 de agosto de 2009

CAMINO DE SANTIAGO 2009. DÍA 2: SAN ESTEBAN DE LECES - SEBRAYO.


8 de agosto de 2009

Nos levantamos a las 5 de la mañana, aún acordándonos de los dos trasnochadores que nos partieron la noche, pero nos vestimos y nos ponemos a andar a las 5:20, son cosas de la vida. Está lloviendo, el típico orballo, que cae sin parar. Avanzamos por caminos con barro, y el amanecer nos sorprende al lado del mar, en una estampa preciosa que anima a seguir caminando. Sobre las 8 de la mañana pasamos por un bar en la Playa de la Espasa, pero nos dice la camarera que hasta las 10:30 no abren, así que tenemos que continuar camino. Pasamos por un cartel informativo del Camino, con una pintada quejándose del gasto en anunciarlo y pidiendo más dinero para pensiones. Dice algo así como: “Santiago nunca estuvo aquí, menos despilfarro y más pensiones.” Así son las cosas y así se lo hemos contado. En la entrada al pueblo de La Isla, tomamos un desvío equivocado y nos perdemos, por lo que calculo que andamos unos 3 Km. más. Descansamos debajo de un puente resguardándoos de la lluvia, que no ha dejado de caer en toda la jornada, y parece que nos mimetizamos muy bien con el puente, porque pasa un paisano por ahí y ni siquiera saluda.

Cuando por fin llegamos a Colunga tras el rodeo involuntario, paramos en un bar y retomamos fuerzas a base de vino y una ración de jamón y queso.

Recibimos un mensaje de Rosa, que está haciendo el Camino en bicicleta. Hoy van desde Luarca a Ribadeo. El camino ha sido muy bonito junto al mar. He perdido la gorra y Luis me la encuentra a cambio de una gamba. Trato hecho.

Salimos del bar y ya ha dejado de llover, pero estamos empapados, porque no nos pusimos las capas de agua a tiempo, así que paramos a comprar unas sudaderas. A partir de ahí el camino es precioso, aunque con mucho barro. Hay bastantes tramos al lado de un río, lo que embellece aún más la ruta, y en ocasiones se ven pozas en el río; si no hiciera tan mal tiempo, darían ganas de bañarse. Pasamos por Priesca, el último pueblo antes de Sebrayo, y eso nos anima, pero dicho pueblo se nos hace eterno al cruzarlo, y cuando creemos que ya hemos llegado a Sebrayo, aún estamos en Priesca (que por cierto, está de fiestas) y queda más o menos 1 Km. para el albergue (ya hablaremos más adelante del concepto de kilómetros que tienen por estas tierras. Además, lo que queda es por un camino lleno de barro y con una bajada muy mala, lo que hace aún más pesada la llegada a nuestro destino.

Por fin llegamos al albergue a las 14:15, tras 8 horas y 55 minutos de caminata (descansos incluidos), más o menos unos 32 kilómetros andados y según mi altímetro, 807 metros de desnivel. Una pasada para ser la primera etapa. En el albergue hay sólo 4 personas y la hospitalera está en su casa, nos dicen que se pasará dentro de un rato. No sabemos si instalarnos o no antes de que venga, y al final decidimos hacerlo, aunque cierto personaje nos dice que para la etapa de mañana, no hay nada de sitio en Gijón, y la gente lo que está haciendo es seguir hasta Villaviciosa y al día siguiente dormir en el siguiente albergue pasado Gijón. Me suena un poco extraño, ya que en Villaviciosa no hay albergue (aunque sí una estación de autobuses muy bonita). Como la hospitalera tarda, nos duchamos y elegimos cama sin esperarla (menos mal), y aprovechamos para lavar, centrifugar la ropa en la centrifugadora y tenderla, para después echarnos una siesta reparadora. Vienen 4 peregrinos más y cogen cama, y aún la hospitalera no ha venido. Cuando viene, nos sella y se queja del poco apoyo que tiene este albergue, y dice que si no lo soluciona, dimite como hospitalera. Llamamos al albergue juvenil de Gijón y nos dice que tienen camas, así que reservamos para mañana Inés y yo. Lo decimos a los demás, ya que la idea era que no había sitio, y una chica que se llama Elena aprovecha y llama también para reservar. Menos mal que no hicimos caso al personaje.

Nos vamos a la mesa de fuera del albergue, situada en un pequeño jardín, y descansamos hablando de sexo tántrico y huellas en el camino. El citado personaje dice que pueden ser de lobo, porque ésta es zona lobera. A mí me extraña un montón, y cuando la hospitalera vuelve se lo preguntamos, y claro está, dice que por aquí no hay lobos. ¡Uf, qué menda!

Menos mal que esta etapa era suave. Llego con mucho dolor de pies, pero la ducha y la siesta me animan.


A las siete y media viene la tienda del pueblo, una furgoneta con todo un poco, y compramos para cenar. Cenamos Jon, Elena, Teo, Santos, Loli, Inés y yo, y la cena está exquisita, unos macarrones con tomate, chorizo y pimientos que Teo nos ha preparado con mucho acierto. La cena es muy agradable, aparte de por la calidad del menú, por la conversación, plagada de risas y buena conversación. Cuando estamos terminando de cenar vienen unos peregrinos franceses bastante jóvenes, y les dejamos cervezas (que no quieren) y unos pastelitos de postre (que sí quieren) para acompañar lo que traían de cena.

Sobre las diez y media nos acostamos, y aprovecho para escribir un poco en el diario, e Inés para leer. Antes de dormirnos estamos un rato hablando entre todos y echándonos unas risas. Nos inventamos una leyenda de la maestra y la tabla del cuatro (el albergue está ubicado en las antiguas escuelas del pueblo), porque Inés ha oído unos ruidos en el piso de arriba, que en teoría está deshabitado.

Fotos del día


viernes, 28 de agosto de 2009

CAMINO DE SANTIAGO 2009. Día 1: MADRID - RIBADESELLA


7 de agosto de 2009

Nos levantamos a las 5:15 de la mañana, y en contra de lo que pudiera parecer ante tal madrugón, eso no supone ningún problema; la emoción de empezar el Camino puede más que el sueño, así que a las 6 de la mañana ya estamos dispuestos para salir de casa, y eso que he tenido que revisar la mochila de Inés, que se quería llevar una Coca Cola de 2 litros (bueno, la verdad es que se la puse en la mochila sin que se diera cuenta, tendríais que haber visto la cara que puso cuando se la colocó sobre los hombros y notó lo que pesaba. Bueno, también tendríais que haber visto la colleja que me dio, pero eso son gajes del oficio).

Sobre las 6 y media estamos en la estación de Chamartín, y nos montamos en el tren, que sale puntual a las 6:50. Nos entretenemos durante el viaje viendo la velocidad del tren en el panel informativo (cercana a los 200 Km/h en ocasiones), disfrutando de las vistas en el amanecer, a un lado la luna poniéndose (es luna llena) y al otro lado el sol saliendo (también está lleno, mira tú), con un documental sobre animales de la Comunidad de Madrid que ponen en la televisión, con una sesión de cuentacuentos que tenemos en un canal de audio, y con los personajes que hay en el tren entre los que destaca una pareja joven con un niño que de vez en cuando llora o grita, y una chica que se pasa todo el viaje cambiándose de asiento, con una cara de mala leche increíble y mirando mal a todo el pasaje.

Llegamos a la estación de Oviedo en hora, y al salir la policía para a todos los jóvenes del tren y les registra las mochilas. A nosotros también nos paran, y cuando empiezan a registrar la mochila de Inés les decimos que vamos a hacer el Camino de Santiago, y nos dejan pasar sin más preámbulos. Es que en Ribadesella es el Descenso del Sella y deben estar haciendo control de drogas. En Oviedo damos una vuelta buscando la estación de autobuses, que está cerca, y luego vamos a comer. De camino una mujer se pone a hablar con nosotros sobre el Camino, y nos recomienda ver la playa de Salinas, en Avilés. Llegamos por fin a un sitio donde se puede comer, y comemos gambas con gabardina, croquetas y queso, acompañado de un vermut de solera.

En la estación de autobuses de Oviedo también hay policía, pero como es el mismo de la estación de tren, nos deja pasar sin problemas. Cogemos el autobús para San Esteban de Leces, pero hay que hacer transbordo en Villaviciosa, así que preguntamos al conductor, y nos dice que ya nos informarán en la estación de Villaviciosa, que es muy bonita. Llegamos a Villaviciosa, y la estación puede ser definida de cualquier manera, menos con el adjetivo bonita; además la ventanilla de información está cerrada, así que tenemos que confirmar horarios en el tablón de anuncios.

Por fin llegamos a San Esteban de Leces sobre las 4 de la tarde, y en el albergue nos atiende Dolores, que nos da camas en una habitación de 8. Dejamos las cosas y nos vamos andando a Ribadesella, a comprar algo y ver el ambiente que hay. La entrada es un poco extraña, en cada rincón de hierba hay plantadas tiendas de campaña, con gente por todos los lados. Según comentan, han llegado unas 300 000 personas a la ciudad para lo del Descenso del Sella. Llegamos al paseo marítimo, que recorremos, y preguntamos a un policía municipal por la estación de autobuses, para confirmar el horario de vuelta a San Esteban de Leces. Todo Ribadesella está abarrotado de gente, y para cruzar el puente sobre el Río Sella hay que hacer cola e incluso salirse de la acera, con el consiguiente peligro, porque continuamente están pasando coches. Está agobiante la ciudad, pero conseguimos sitio en un bar para tomar una cerveza sentados en unos bidones, y podemos comprar algo de desayuno para el día siguiente. Cenar ya es más complicado, porque los bares están hasta arriba, y en la mayoría sólo dan preñados y bocadillos, así que decidimos comprar un pollo asado y nos lo llevamos al albergue, donde cenamos con Gabriel, y Mare, chileno y polaca respectivamente, que ya llevan unos días peregrinando. Sobre las 10 de la noche nos acostamos, y dormimos más o menos bien, exceptuando que a las tres y pico de la mañana llegan Gabriel y Mare (no van a andar, porque se quedan en lo del descenso del Sella ), y nos despiertan.

Fotos del dia