Nos levantamos a las 5:15 de la mañana, y en contra de lo que pudiera parecer ante tal madrugón, eso no supone ningún problema; la emoción de empezar el Camino puede más que el sueño, así que a las 6 de la mañana ya estamos dispuestos para salir de casa, y eso que he tenido que revisar la mochila de Inés, que se quería llevar una Coca Cola de 2 litros (bueno, la verdad es que se la puse en la mochila sin que se diera cuenta, tendríais que haber visto la cara que puso cuando se la colocó sobre los hombros y notó lo que pesaba. Bueno, también tendríais que haber visto la colleja que me dio, pero eso son gajes del oficio).
Sobre las 6 y media estamos en la estación de Chamartín, y nos montamos en el tren, que sale puntual a las 6:50. Nos entretenemos durante el viaje viendo la velocidad del tren en el panel informativo (cercana a los 200 Km/h en ocasiones), disfrutando de las vistas en el amanecer, a un lado la luna poniéndose (es luna llena) y al otro lado el sol saliendo (también está lleno, mira tú), con un documental sobre animales de la Comunidad de Madrid que ponen en la televisión, con una sesión de cuentacuentos que tenemos en un canal de audio, y con los personajes que hay en el tren entre los que destaca una pareja joven con un niño que de vez en cuando llora o grita, y una chica que se pasa todo el viaje cambiándose de asiento, con una cara de mala leche increíble y mirando mal a todo el pasaje.
Llegamos a la estación de Oviedo en hora, y al salir la policía para a todos los jóvenes del tren y les registra las mochilas. A nosotros también nos paran, y cuando empiezan a registrar la mochila de Inés les decimos que vamos a hacer el Camino de Santiago, y nos dejan pasar sin más preámbulos. Es que en Ribadesella es el Descenso del Sella y deben estar haciendo control de drogas. En Oviedo damos una vuelta buscando la estación de autobuses, que está cerca, y luego vamos a comer. De camino una mujer se pone a hablar con nosotros sobre el Camino, y nos recomienda ver la playa de Salinas, en Avilés. Llegamos por fin a un sitio donde se puede comer, y comemos gambas con gabardina, croquetas y queso, acompañado de un vermut de solera.
En la estación de autobuses de Oviedo también hay policía, pero como es el mismo de la estación de tren, nos deja pasar sin problemas. Cogemos el autobús para San Esteban de Leces, pero hay que hacer transbordo en Villaviciosa, así que preguntamos al conductor, y nos dice que ya nos informarán en la estación de Villaviciosa, que es muy bonita. Llegamos a Villaviciosa, y la estación puede ser definida de cualquier manera, menos con el adjetivo bonita; además la ventanilla de información está cerrada, así que tenemos que confirmar horarios en el tablón de anuncios.
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