Ya lo sé, ya estoy seguro.
Desde hace tiempo tenía casi la certeza, pero ya no ha lugar a ninguna duda. No me quiere. No sólo eso, sino que ya no hay ninguna posibilidad de intentar nada.
Pero no tengo otra cosa que hacer que amarla.
Bueno, no es del todo cierto, tengo muchas cosas que hacer. Tengo que levantarme todos los días, aunque al despertar llore pensando en las noches que pasé con ella y no se volverán a repetir. Debo desayunar; nutrirme es fundamental para vivir, aunque me cueste hacerlo sin ella. Luego he de ir a trabajar; trabajar para vivire, y no vivir para trabajar. Comer, ver a mis amigos, para no pensar siempre en lo mismo. Hacer ejercicio, que siempre relaja la mente; tomar algo con los colegas, ver la televisión, aunque sea solo y eche de menos las horas que pasamos en su sofá; escuchar música, relacionarme, conocer chicas, a ver si alguna me hace olvidarla, cenar, dormir, soñar con ella...
Tengo muchas cosas que hacer, está claro, pero nada tan importante como amarla.