viernes, 3 de febrero de 2012

Agua embalsada.


El agua en un embalse parece un remanso de paz. En la superficie todo está calmado, sin apenas olas no movimiento. Pero en el interior, en las profundidades, hay fuerzas que luchan contra la presa, que empujan con fuerza y desearían romperla, para que así el agua pueda brotar libre por los campos.

A veces se deja salir un poco de agua, todo muy controlado, para vaciar un poco el embalse, y esa agua posiblemente pueda terminar en otro embalse, o con suerte regando un campo, dando de beber a las personas o limpiando el cuerpo de algún ser humano. Pero cuando se abre una compuerta de la presa, hay que tener mucho cuidado para que no salga más agua de la debida y así evitar males mayores.

Pero, ¿qué pasaría si el agua pudiera romper la presa, si la presa de repente, a causa de la presión del agua, de tanta fuerza interior, se derrumbara y dejara salir de repente todo el agua del embalse? En principio podría parecer una catástrofe, miles de metros cúbicos de agua lanzados de golpe contra la humanidad. Devastaría todo por donde pasara, anegaría ciudades, campos, bosques, e incluso podría llegar a otro embalse y derrumbar más presas, sumando así el agua del otro embalse a la suya propia. Sería un verdadero desastre, una hecatombe, la ruina para la población cercana.

Es decir, sería un cataclismo para quienes embalsaron el agua, para los que la sujetaron durante tanto tiempo, para quienes no la dejaron manar en libertad.

Sin embargo, para el agua sería una delicia poder surcar a sus anchas por los campos, sin tener que luchar contra una barrera tras otra, contra un muro de duro cemento que la inmoviliza. El agua alcanzaría su verdadero ser, su frescura, su identidad, su fuerza real.

A veces nosotros actuamos con los sentimientos como si fueran agua embalsada. Los tenemos reprimidos y, muy de vez en cuando, los dejamos aflorar un poco, pero controlando su flujo por miedo a que arrasen nuestra vida si salen de golpe.

¡Ay, cuántos sentimientos permanecen embalsados en nuestros corazones, esperando la llegada de esa fuerza que pueda romper la presa que los ata, y así navegar por nuestra existencia llenos de vigor y vivacidad!