A partir de ahora, y de vez en cuando, voy a publicar artículos que escribí hace muchos años en alguna otra publicación (generalmente una hoja parroquial o un Boletín interno de alguna asociación o secta), y que curiosamente muchos años después siguen siendo de rabiosa (por la rabia que me da) actualidad.
Ya que son fechas Navideñas, empezaré esta sección de reliquias con un artículo que escribí para las Navidades del año 2000. Espero que os guste.
LAS OTRAS NAVIDADES
Madrid. Diciembre 2000. Argüelles.
Las prisas por ir al trabajo, volver a casa, salir con los amigos y tantas actividades sociales apenas nos permiten ver que estamos envueltos en publicidad de grandes supermercados que nos dicen que este año tenemos que comprar muchas cosas para hacer felices a nuestra familia y amigos, como si lo único importante fuera el dinero y el tener más que los demás. Estas navidades nos reuniremos todos, lo sentiremos por los familiares lejanos o fallecidos, y desearemos que el año que viene esté lleno de prosperidad y alegría para los nuestros.
Tenemos suerte de vivir donde vivimos, pero vamos a imaginarnos otros lugares donde podríamos haber nacido.
Belén. Diciembre 2000.
Las prisas ya no son por ir al trabajo, son para poder llegar a un sitio protegido donde no haya posibilidades de que caiga una bomba o un francotirador del otro bando siegue nuestra vida o la de alguien de la familia. En el mismo lugar donde nació Jesucristo, Hijo de Dios y ejemplo de amor y paz, llevamos no se sabe ya cuanto tiempo llenos de la guerra y el odio que produce el egoísmo humano. En cada familia se recordarán los muertos de este guerra entre hermanos, entre vecinos, más inútil aún si cabe que el resto de las guerras, partiendo de la base de que todas las guerras son inútiles.
Ceuta. Diciembre 2000.
Escondiéndonos de la policía, la Guardia Civil, o de cualquier persona que nos resulte sospechosa, esperamos el momento en que nos avise el señor al que hemos dado todos nuestros ahorros y poder llegar a la tierra prometida: España. Nos han dicho que allí hay trabajo, comida para todos y que podremos ahorrar para un día poder sacar de este agujero a nuestra familia. No pensamos ahora en los peligros que conlleva este viaje, tampoco nos los han dicho. Ya se ha encargado quien se ha llevado nuestro dinero de callar lo que no le interesa que sepamos: el mar es probable que nos trague esta noche.
Filipinas. Diciembre 2000.
Este año tampoco podremos cenar todos juntos. Tres de mis siete hermanos, uno de apenas ocho años, y mi padre tienen que trabajar en la fábrica de zapatillas Nike, que nos está explotando a todos por cuatro perras. Pero no tenemos otra salida. O eso o la muerte por hambre. Trabajar para que ellos se lleven todo lejos de este país, al mundo rico, y saquen el mayor beneficio posible, aunque eso cueste vidas humanas, explotación de menores, y el cada vez mayor empobrecimiento de los países pobres.
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Podría seguir imaginado situaciones, pero como ejemplo ya vale. Resulta que tenemos que anunciar un reino de Cristo, un reino de amor... ¿Se imaginan lo poco creíble que es un anunciante de una marca de coches y que luego use otra distinta?
Pues es lo mismo, si queremos hacer creíble nuestro anuncio del Reino, debemos vivirlo, y vivir el reino es luchar contra estas injusticias arriba recreadas, cada uno a su manera y en la medida de sus posibilidades (que generalmente son más que las que la comodidad nos dice).
LuisFe

