miércoles, 23 de septiembre de 2009

CAMINO DE SANTIAGO 2009. DÍA 19: SANTIAGO - MADRID


25 de agosto de 2009

Nos levantamos sobre las 10:30, hoy no llueve, tenemos nubes y claros en el cielo, aparte de obras en la calle que hacen bastante ruido, y que me despertaron hace tiempo ya. Me voy a duchar y, ¡Oh, sorpresa!, el agua sale marrón; la dejo correr un buen rato y como el color del agua, aunque se ha aclarado algo, sigue siendo marrón, voy a recepción, donde me dicen que están de obras (de eso me había dado cuenta desde las ocho y media de la mañana) y no pueden hacer nada, es culpa de las obras. La única solución es que deje correr más el agua hasta que deje de salir marrón. Eso hago, pero después de un buen rato con el agua corriendo (menos mal que en Galicia no hay problema de sequía) no deja de tener el mismo aspecto marroncillo (de barro, no creáis otra cosa).

Es momento para que Inés entre en escena, así pues baja, habla con recepción, y nos dejan el cuarto de baño de otra habitación donde parece que el agua sale clara. Nos duchamos, volvemos a nuestra habitación a hacer las mochilas, pagamos y nos permiten dejar las mochilas en el hotel, así que libres del peso vamos a Zara, donde Inés compra un jersey de lanilla, y posteriormente damos un paseo hasta la Plaza del Obradoiro a ver a la gente pasar, por si acaso nos encontramos con la pareja de alemanes, que según hablamos tenían previsto llegar hoy a Santiago. De camino compramos algo de desayunar en una pastelería y yo reconozco que con tres bollos me he pasado un poco. Los comemos en la entrada de la plaza y tras pasar por la fuente de nuestra plaza para que me lave las manos y la cara (me he puesto hasta arriba de chocolate) entramos en la Plaza del Obradoiro y nos sentamos a observar.

Estamos un buen rato, y como no vemos a nuestros amigos, caminamos por una zona de Santiago donde no habíamos estado estos días, al otro lado de la plaza, y tomamos una cerveza en una terracita muy chula, en una mesa a la sombra y solitaria, como le gusta a Inés. Mientras nos tomamos de tapa nuestros frutos secos y triskies, y damos de comer a las palomas que por ahí circulan, observando su imposibilidad de comer triskies (os invito a hacer el experimento), pero como no parecen muy listas, siguen picando, provocando alguna escena un tanto graciosa. Al terminar las cervezas seguimos paseando, paramos en una tienda a comprar una camiseta del Camino para mí, y nos topamos con el mercado de abastos, muy bonito y funcional, y con una calle que tiene un zoco árabe, pero está cerrado. Volvemos a la terraza donde tomamos la caña a comer, y comemos ensalada mixta y cordero al horno (Inés) y ensaladilla rusa y rodaballo a la plancha (yo), degustando los segundos platos, que son realmente exquisitos.

Para reposar la comida vamos de nuevo a la Plaza del Obradoiro a observar a la gente que llega, a sentarnos y a medio dormir la siesta. Hablamos con un hombre que se está curando las ampollas y os cuenta que ha hecho el Camino Portugués desde Tuy y que su hijo, como es militar, lleva casi todo el peso. Tras ello vamos a una terraza muy cuca en la Vía Sacra, a tomar un ron con Coca Cola (Inés) y una copa de orujo de café (yo) para hacer tiempo, ¿eh?

Queremos ver una exposición virtual sobre Galicia que empieza a las cinco (y dos piedras)



Conseguimos entrar en la exposición de Galicia Virtual y nos sorprende muy agradablemente, con botafumeiro, carreras por las calles de Santiago (soy medalla de bronce… en una carrera de tres coches), visitas submarinas, una especie de Google Galicia e imágenes dinámicas entre otras cosas, además de una montaña rusa. Dura más de una hora, pero se nos pasa cortísimo.

Cuando salimos de la exposición, ya es hora para ir al hotel a recoger las mochilas y de dirigirnos a la parada del autobús que va al aeropuerto, no sin antes echar una guerra de aislantes y después tirarlos a un contenedor de reciclaje, para evitar tener peso de más y pagar suplemento, que nos han dicho que Ryanair es muy estricto con eso y saca pelas de cualquier cosa. Pero nosotros tenemos la lección muy bien aprendida y las mochilas tienen la medida adecuada y pesan menos de 10 Kg. No nos van a sacar dinero estos tipos. Llegamos a la parada a las 7:50 y yo he mirado que el autobús pasa a las 8, así que lo tenemos todo controlado… todo menos el horario del autobús, que realmente tiene como hora de paso las 8:30, por lo que no son queda más remedio que tomar unas cervezas para hacer tiempo. Cuando viene el autobús, nos montamos, llegamos al aeropuerto con nuestras mochilas reglamentarias para que no nos cobren más por el equipaje, entregamos el billete en el mostrador de Ryanair y, ¡sorpresa!

Nos dicen en facturación que si no tenemos impresa la tarjeta de embarque tenemos que pagar 40 € más cada uno. En ningún momento de la compra por Internet le ha aparecido a Luis esa información, así que nos dirigimos a la oficina de información de Ryanair a pedir explicaciones, explicaciones que no nos dan y sólo dicen que la culpa es de Atrápalo y que tienen orden de que si no se paga, no se viaja, aunque les duela en el corazón. Insistimos en hablar con el encargado, que nos dice lo mismo, pero con malos modos: “No le voy a pagar yo su tarjeta de embarque”. Al final por mucho que Inés, muy asertiva y correctamente, explica la situación, cuando se tratsa con estafadores profesionales no hay nada que hacer y no stoca pagar los 85 € de la puta tarjeta de embarque (uy, perdón).

Y para joder más la cosa, en el aeropuerto de Lavacolla (me tocas la nariz) no hay un puñetero televisor donde pongan el partido del Atlético de Madrid. Nos llama Geli, y habla con Inés, porque yo tengo tal cabreo que me puedo desahogar con ella y no es plan.

Embarcamos en el avión con un mosqueo considerable, y en la cola de embarque unos italianos (cómo no) nos preguntan no sé qué chorrada acerca de la Plaza del Obradoiro, a lo que contestamos como podemos (más usando la imaginación que el conocimiento). Entramos en el avión con asientos sin numerar (como si fuera un autobús urbano), momento en el que me desahogo escribiendo esto que me ha pasado con los cabrones de Ryanair.

El vuelo transcurre sin incidencias, salvo que el aterrizaje es un tanto brusco, y como no todo podía ser malo, en el aeropuerto está Marta prima esperándonos. Nos lleva a casa mía, y ahí termina una maravillosa aventura que, como la vida misma, se encargó de ir forjándonos las vacaciones a su manera, mientras nosotros hacíamos otros planes. Mejor la vida misma. 

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