lunes, 21 de septiembre de 2009

CAMINO DE SANTIAGO 2009. DÍA 18: FINISTERRE - SANTIAGO


24 de agosto de 2009

Nos despertamos sobre las 9 de la mañana, y llueve, ¡Diluvia! Esperamos por si llama Álvaro, estamos un rato activándonos y bajamos ya nuestras cosas y a ver si conseguimos pagar la mariscada, si ya funciona el lector de tarjetas. Hay suerte, y podemos pagar. Llueve mucho.

Vamos a desayunar a un bar enfrente de la parada del autobús, y el camarero nos suelta una disertación sobre el Camino; habla de que el Camino hay que hacerlo sin prisa, con todo el tiempo del mundo, sin importar hacer 10 kilómetros cada día, pero disfrutándolos y con tiempo. Eso está muy bien, pero claro, si tienes un mes de vacaciones, una semana tienes que estar con la familia y otra preparando el trabajo, lo veo un tanto utópico. Además, en vez de hablar tanto, ya podría haberse duchado esa semana, porque huele a haber estado unos cuántos días sin ducharse, no sé cómo puede aguantar su compañera de barra. Para hacerse el simpático, me dice cuando nos vamos, que la próxima vez que haga el Camino de Santiago, lo haga sin la “jefa”, refiriéndose a Inés, a lo que le respondo, obviamente, que no, más que nada porque supongo a lo que se refiere cuando le veo mirar a las extranjeras que están en el bar de forma libidinosa (vamos, que se le cae la baba con ellas).

Después cruzamos la calle y nos resguardamos en la parada del autobús, esperando que llegue, ya que Álvaro no nos ha llamado. En lo que llega el autocar la parada se llena, y cuando viene se agolpa toda la gente alrededor del mismo, y curiosamente los extranjeros son los que más “empujan” para colarse. Mención especial a una chica que se nos pone delante con todo su morro, cuando estamos entrando en el autobús, porque sus amigos están allí. Y como sus amigos ya han colado a otras cuatro personas, nos plantamos y le decimos que se ponga al final, y tras un leve pique y cruce de palabras en inglés, no consigue su objetivo y pasa detrás de nosotros.

Una vez en el bus, ya de camino a Santiago, disfrutamos de la belleza de las vistas, y eso que el tiempo no acompaña, pero quizás ese paisaje brumoso le da un aire más gallego a la estampa. Pasamos por las rías altas, desde Finisterre hasta Noia, admirando las rías, las playas, las aves marinas, las costas escarpadas… así dos horas; joder, qué sueño. Pero cuando despierto, siguen las rías, las playas, las costas escarpadas y tal y tal…

Llegamos a Santiago de Compostela tras casi tres horas de viaje, y cogemos otro autobús, pero éste urbano, para ir a la Plaza de Galicia, donde está el hostal. Ahí descansamos un poco, y como sigue lloviendo vamos a comer a un sitio cercano. Nos ponen en una mesita pequeña, comemos croquetas y raxo (Inés) y empanada y pollo (yo), y como sigue lloviendo, volvemos al hostal a dormir una buena siesta.

Al despertarnos, damos una vuelta por el centro, con visita a la Plaza del Obradoiro y paso por una tienda donde nos dan a degustar productos gallegos (tarta de Santiago en sus distintas variedades, quesos, chocolates y orujos varios) y se portan de maravilla con nosotros, dándonos consejos sobre el equipaje en el avión. Como aún nos quedan en el hostal algunos tickets de los que nos dieron llegando al Monte do Gozo, vamos al hostal a por ellos. Entramos en un sitio del casco antiguo a tomar el vino, y como nos gusta, nos quedamos a cenar ahí, en una mesita muy coqueta. Cenamos un menú exquisito compuesto de gambas a la plancha (así nos resarcimos de las gambas de la mariscada de ayer) y chuletas de cordero.

Tras la cena, una vuelta por la ciudad, que de noche es también muy bonita y muy bien luminada, y hago unas cuántas fotos. En la Plaza del Obradoiro escuchamos a la tuna, y después nos vamos a tomar una copa a la Plaza de Fonseca, donde estamos de risas con los camareros, que son muy majos.

Las plazas son todas muy bonitas y más de noche. Ésta, la de Fonseca, es especialmente agradable y acogedora. Es nuestra última noche, ya no llueve; el tiempo al final nos ha acompañado y cenando hemos recordado buenos y no tan buenos momentos del Camino. El balance es positivo, como siempre es Luis.

Para mí no ha habido malos momentos, salvo las tardes de Arzúa, que fueron un tanto aburridas, hartos de ver a la quesera, menos mal que ganó el Atleti.

Le doy mi navaja a unos extranjeros, porque pidieron un sacacorchos a los camareros, y como yo la pensaba tirar porque no me la dejan llevar en el avión, mejor que la aproveche alguien. El agraciado dice: “Oh, my God!”, ¡por fin lo oigo!

Vamos al hostal dando un paseo, y nos acostamos para dormir nuestra última noche en Santiago de Compostela… de momento.

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