martes, 22 de noviembre de 2011

Te besé


Surgió el momento como surgen los momentos mágicos, sin prepararlo, sin pensarlo previamente, sin ni siquiera soñarlo. El caso es que me encontré con él en medio de la lluvia y la niebla, rodeados de castillos y árboles, resguardados por un paraguas, frente a ti, cara a cara. Solos tú y yo.

Y en ese mágico momento, que duró apenas un instante, te besé.

Te besé con los ojos, al mirarte y descubrir cómo las gotas de lluvia, aquellas que el paraguas no había podido frenar, se deslizaban por tu cara.

Te besé con las manos, cuando se juntaron a las tuyas al bajar ese escalón resbaladizo por la lluvia.

Te besé con el corazón, con cada latido, acelerados en ese momento por la emoción y tu cercanía.

Te besé con el alma, toda ella en esa escena, concentrada en el más mínimo detalle, por si podía intuir algo positivo en tus movimientos.

Te besé con el sentimiento, a flor de piel más que nunca, supurando deseo y fuego.

Te besé con la imaginación, saliendo a borbotones, soñando futuros irrealizables

Te besé con el pensamiento, que se centró en elucubrar qué pasaría si lo hiciera

Te besé con la memoria, con el recuerdo de aquellos besos que nos dimos, tan lejanos ahora.

Te besé con el brazo, cuando debajo del paraguas tu mano lo agarraba tan tímidamente, como con miedo.

Te besé con mi vida, con mi fuerza, con todo mi ser… con todo lo que pude, menos con la boca.