17 de agosto de 2009
Volvemos a la pensión a dejar las mochilas en el bar y estamos un rato hablando con Lorenzo. Lorenzo está impactado con lo bien que hace Luis su colada y lo preocupado que está por ella. Ha llovido toda la mañana y, aunque me dejaron tender a cubierto, todo un detalle por su parte, sigue mojada, así que decide guardarla así, no sin mi toque para doblarla (“para eso está ella” GRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR).
Cuando terminamos de meter la ropa en la mochila ya ha dejado de llover (Ley de Murphy) y hacemos tiempo dando un paseo. Como Inés se resiente de sus pies no tenemos más remedio que meternos en un bar a tomar un vermut y una cerveza y ver a las moscas cortejarse (pero sin grititos como el halcón). Mientras estamos tomando las cervezas vemos pasar a la pareja de alemanes (Marina y Michael) y salgo a saludarles. Entran, se toman algo con nosotros y pasamos un buen rato hablando de nuestras profesiones (ellos son profesores y también funcionarios), de nuestras Iglesias (la alemana a años luz por delante de la nuestra) y de nuestros proyectos en estos días (ellos están jubilados y tienen todo el tiempo que quieran para hacer el Camino). Qué graciosos, se van pasando el diccionario de uno al otro durante toda la conversación… se les entiende muy bien. Viven en una urbanización (suburbio según el diccionario) a las afueras de Frankfurt y también usan a veces transporte público para hacer el Camino.
Tras ello, de nuevo a la estación de autobuses, destino Lugo. La salida del autobús es muy bonita, por la ría del Eo y luego remontando dicho río, escoltada la carretera por eucaliptos. Luego nos dormimos casi hasta llegar a Lugo, donde hace sol.
Una vez en Lugo lo primero es buscar alojamientos, y tras dar unas cuantas vueltas, unos peregrinos nos dicen donde está el albergue, y ahí les explicamos que somos unos peregrinos reconvertidos, y preguntamos por una pensión barata. Nos dicen una, vamos, pero no contestan, así que vamos a la del al lado, que echa para atrás nada más entrar en el portal, porque huele fatal, pero en el hostal huele bien y además nos dan una habitación espaciosa, con baño y dos camas por 30 euros/noche. Se llama Hostal Buenos Aires.
Como son las 4 de la tarde, vamos corriendo a comer a un sitio que nos recomienda Chus, la dueña, que está muy cerca y se llama Breogán. Comemos sopa de fideos y filete (Inés) y callos con garbanzos y albóndigas (yo). Al terminar volvemos al hostal, descansamos un rato, vemos otra vez a Usain Bolt y su record de los 100 m. lisos, nos duchamos y vamos a la oficina de turismo, que localizamos justo cuando están cerrando, pero nos dan un plano y nos dicen algunas cosas para ver. Entramos en Zara porque a Luis le pica la camiseta nueva del Lidl, ¡¡las costuras son de hilo de pescar!! Camiseta morada para él y verde para ella.
A las 22 h. salimos en busca de un sitio para cenar y de paso recibimos noticias del padre de Luis, que andaba con unas decimillas y ya está mejor. Juanjo no responde a las llamadas. Cenamos en un mesón que resulta muy agradable: Ribeiro, revuelto de gambas y gulas, atún a la plancha y langostinos también a la plancha. Tarta casera de queso para terminar, con un orujito de hierbas para ella y de café para él.
Después paseíto por Lugo de noche, con sesión fotográfica y en el paseo, por una plaza, pasa una bici y se le cae a nuestro lado una bolsa, la recogemos y se la damos como si de un control de avituallamiento de la Vuelta se tratara. Paramos a tomar un gin tonic y un ron con Coca Cola, en un sitio muy agradable al aire libre en el casco antiguo de Lugo, dentro del recinto de la muralla con música de jazz de fondo. Jugamos con unos cachorros muy graciosos e Inés no me deja darle la mano hasta que no me la lave… las babas de los perros y las suyas.
¡DÍA SIN PULPO CONSEGUIDO!
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