16 de agosto de 2009
Hoy es San Roque, fiesta en el barrio donde estamos hospedados, y además lo declaramos “Día sin pulpo”. Luis necesita una cura de pulpo porque está empezando a convertirse en uno, sus brazos cada vez se parecen más a unos tentáculos.
Tiramos para el puerto para ver la ría, el mirador y el albergue de peregrinos. Sorpresa, la pareja de novios que se van a casar en Santiago siguen en el albergue… ¿o acaban de llegar?
Vemos la salida del pasacalle de San Roque, y tras estar un rato con los gigantes y cabezudos, y el resto de los disfraces, vamos a un mirador a ver la ría y divisamos una calita con un señor bañándose y un cormorán que se está poniendo hasta arriba de peces y haciendo sus largos de buceo. Bajo luego a la cala para hacerle fotos de cerca al cormorán, pero cuando estoy a medio camino veo que el cormorán se ha ido, así que me doy media vuelta, y nos vamos a comer a un restaurante del puerto con menú a 8 euros. Pasa un señor vendiendo lotería de la ONCE, le preguntamos por el número que ha salido en el sorteo del día 15, y constatamos que no nos ha tocado nada. Comemos espárragos y sardinas (¡POR FIN!), y de regreso damos un paseo por el puerto y vamos a comprar gel, que se nos va a terminar, y compramos in extremis y a oscuras (están cerrando la tienda) un gel de pachuli y lavanda (espero que no les muera ningún músico).
Antes de subir a la habitación para descansar, nos tomamos un orujo de hierbas (de los de verdad)en el bar de la pensión, y como está muy fuerte, pedimos más hielo para rebajarlo. Cuando me lo sirven, en mi copa cae una mosca junto con el hielo (debería estar congelada), y la chica que me ha puesto el hielo, supongo que una de las hija de Lorenzo, la de menos luces, lo saca con una cucharilla y me da la copa. Alucino de tal forma que no soy capaz de reaccionar, y me bebo el licor. Lorenzo nos dice que están en la pensión nuestras amigas de ayer (Ainara y Marta) y al rato aparecen, que vienen de dejar las bicis que han alquilado para dar un paseo por Ribadeo.
Terminamos los licores y nos vamos a la habitación a descansar, y echar una siesta de 3 horas, tras la cual me ducho y lavo algo de ropa. Cuando vuelvo a la habitación, ha llamado Rosa y hemos quedado con ellos en la estación de autobuses. Son las 6:45 y a las 7 cierran la taquilla, así que voy corriendo a la estación para mirar horarios de autobús y comprar billetes para Mondoñedo. Llego a la estación en tiempo record (plusmarca personal), y resulta que no los vende Alsa, sino otra empresa que no tiene taquilla abierta, por lo que lo único que puedo hacer es mirar los horarios que tienen en el cristal, y ver que sale a las 14:15. Vuelvo a la pensión, ya más despacio, tiendo la ropa que lavé en el tendedero que muy amablemente me han dejado usar los dueños del hostal, y nos dirigimos a la estación de autobuses a recoger a Rosa y familia, y como llaman diciendo que llegan tarde, nos tomamos unas cervecitas con cacahuetes (como los monos) en el bar de la estación. Llama Rosa entonces diciendo que están en la Plaza del pueblo, y hacía ahí vamos, donde les encontramos, y el abrazo que se dan Inés y Rosa es digno de la mejor película de los años 50.
Cenamos Rosa, Rai (su marido), Sara (la hija mayor) y Aurora (la hija pequeña), Inés y yo, en la ya famosa pulpería que nos gustó tanto la primera vez que la vimos, en la que ya habíamos reservado mesa, y tomamos raciones de pulpo, calamares, chipirones y pimientos del padrón, que el que picaba, picaba de verdad, y los que no, picaban un poquito. Me toca uno que pica, tanto que hasta me da hipo, y Sara me lo quita con un remedio que sabe, agarrándome las muñecas y recitando un conjuro mágico. Bueno, lo del conjuro me lo he inventado, pero venía muy bien al caso, lo “único” que tuve que hacer fue aguantar la respiración un rato.
Ha sido fantástico ver a Rosa y familia, me cargan las pilas sus abrazos. Hay que ver, tan cerca que estamos en la sierra y nos vemos aquí, en Ribadeo.
Regresamos a la pensión y nos encontramos con Lorenzo (todo un personaje) que nos dice que Villalba no tiene nada que ver y es mejor que vayamos a Lugo, que tiene una muralla y un museo provincial muy bonitos. Subimos a la habitación y nos encontramos a Ainara preguntando por el centro de salud, porque tiene una ampolla que le duele mucho y teme que esté infectada. Las acompaño, y en el centro de salud, yo creo que vacilándola, le amenazan con ponerle la antitetánica, y como dice que no, se la pinchan y ven que no está infectada, y tras curarla y decirle que han llegado a ese centro de salud pies en muy peores condiciones (pero no son de Barbie), nos volvemos a la pensión, ya a dormir.
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