15 de agosto de 2009
Dejamos la ropa limpia en el hostal y de ahí vamos a la estación de tren a mirar los horarios, por si es factible la excursión a Vivero. Como para una tarde es un viaje un tanto largo, decidimos ir a la Playa de las Catedrales. Vamos más tarde a mirar el sitio que nos gustó tanto ayer, y cuando llegamos, a las 12:45, ya está lleno, pero nos tomamos en la calle un pulpo exquisito y una jarrita de Ribeiro. Después vamos a una pulpería a tomar pulpo al ajillo con gambas (también muy rico) y de ahí a la estación FEVE a coger el tren para la Playa de las Catedrales. Preguntamos en la estación cuál es la mejor parada para la playa, y nos dice la Jefa de Estación, una galleguiña muy dicharachera, que mejor preguntemos al revisor, porque se conoce mucho mejor la zona. Cuando entramos en el tren se lo preguntamos, y nos dice que la parada más cercana es Esteiro, pero Esteiro es una parada facultativa, y cuando llegamos a Esteiro, el tren no para. Voy a decirle que por qué no paró, y me contesta que yo sólo pregunté, no le dije que parara ahí, y luego hablando con el conductor le dice: “Si fuera más listo no estaría en el FEVE, estaría en la NASA”. Bajamos en la siguiente parada, que es Reinante, y desde ahí vamos a la primera playa que vemos, caminamos por al agua para refrescar los pies, y aprovecho para hacer fotos a las olas a ras del agua, tan a ras del agua que en una ocasión, una ola se abalanza sobre mi bolsito y la moja toda, con tan mala fortuna que da de lleno en el móvil de Inés, que me lo había dejado para que estuviera más seguro. La respuesta del móvil ante tal baño no se deja esperar, y se pone a tiritar (supongo que de frío), incluso aunque lo apaguemos, así que tenemos que quitarle la batería para que se esté quieto. En resumen, me lo he cargado.
Terminamos el paseo por la playa y nos echamos un rato en la arena; Inés se duerme la siesta, yo me baño y luego me voy por un paseo de madera que va hacia la Playa de las Catedrales. Pero en un mirador salto la vaya del paseo y voy por un caminito a hacer más fotos cerca del acantilado, y ahí veo las construcciones rocosas que dan nombre a dicha playa. Luego para volver al paseo de madera tengo que hacerlo por medio de plantas y arbustos, y salto de nuevo la valla (ahora hacia dentro) en una zona bastante transitada, con la consiguiente mirada de asombro de los que por ahí pasan (que no saben lo que se pierden al no hacer lo que yo). Vuelvo donde Inés y regresamos a la estación FEVE para retornar a Ribadeo, pensando en ir al día siguiente a Viveiro para ver las fiestas.
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