14 de agosto de 2009
El camino es más o menos como el resto de Asturias (que hoy dejamos atrás), usando la intuición en varios cruces, pero afortunadamente esta vez la usamos bien. Pero como iba siendo demasiado fácil, en Porcia el Camino se corta de repente a consecuencia de unas obras en el puente que cruza el río, obras que no están anunciadas en ningún sitio previamente, ni preparado un desvío provisional y cosas así que se suelen hacer cuando se interrumpe una carretera. Tras dar varias vueltas por la zona buscando un sitio donde cruzar el río sin tener que volver a la carretera nacional, saltar una tapia, meternos en la parcela de una casa y terminar siempre al pie de la ermita de Porcia, que es donde se corta el Camino, nos quedan dos opciones: desandar lo andado y cruzar el río por la Nacional, o saltar la valla de las obras, trepar por el puente en obras y cruzar el río por ahí. Como para atrás ni para tomar impulso, tomamos la segunda opción.
Seguimos por el Camino y nos encontramos de nuevo con un desvío mal señalizado. Como Luis ha parado a hacer fotos (para variar), yo continúo (es peor el dolor cuando estás parado). Giro a la derecha y cuando llega Luis al cruce me avisa que es por la izquierda. ¡Ni una p… señal soy capaz de ver con el dolor de pies que tengo!
No es que Inés no vea la señal, es que habían quitado una concha para desviar el Camino al pueblo que tiene albergue privado.
Continuamos andando y ya a las dos horas y media el dolor de Inés en las plantas de los pies es manifiesto, por lo que consideramos hacer una parada. Cuando encontramos un sitio para descansar, Inés está con mucho dolor, y encima se da cuenta de que ha perdido su calcetín favorito, y eso es un duro golpe para su moral. Decidimos ir al pueblo más cercano y ahí coger un autobús para Ribadeo. Llegamos a Tol, descansamos, nos tomamos la cecina con unas cervecitas del único bar del pueblo, que está un poco en las afueras y es hotel con campo de golf, preguntamos por la parada del autobús, y nos dicen que ese pueblo no tiene, hay que ir a la carretera Nacional, y como a unos 2 Km. (cómo no) está la parada.
Como el bar/hotel/golf pilla de camino, tomamos otra cerveza ahí, hablamos con la camarera, y cuando vamos a salir para la parada del autobús nos encontramos con un señor que nos dice que es presidente de una asociación de amigos de Camino de Santiago, así que le exponemos nuestras quejas acerca de la señalización en Asturias, y del puente en obras, y nos dice que eso es cosa de los ayuntamientos. Nos indica un “atajo” asturiano para llegar a Ribadeo, y luego rtas preguntar, el atajo con 2 Km. más que el Camino normal, menos mal que no le hacemos caso.
Después de desearnos buen camino y decirnos que conoce a “San José” (hospitalero de Avilés) tiramos hacia la Nacional, que esta vez sí está a dos kilómetros. En un bar nos indican dónde está la parada del autobús, y después de una gran cuesta llegamos. Descansamos unos tres cuartos de hora esperando el autobús, y después de contar dos veces hasta veinte (con sus respectivas rimas y dos piedras) y con mejor humor, subimos al bus. ¡Sorpresa! Nuestros “peregrinos favoritos” están dentro. Con pinta de turistas nos dicen que están agotados (con sus botas impecables, sin una mancha de barro y tan arregladitos ellos).
Llegamos a la estación de Ribadeo y se me ocurre volver a Gijón en autobús porque este fin de semana está Carlos Casermeiro, así que le llamo, pero al final no ha podido ir a Gijón, así que nos quedamos en Ribadeo. Buscamos pensión, y la primera que encontramos por 30 euros la habitación doble, nos quedamos. Cama de 1,20 y calor, pero no estamos para buscar más.
Dejamos las cosas, y bajamos a comer a un restaurante que nos recomienda el dueño de la pensión, yo guisantes con jamón y escalope, y Luis tortilla de jamón y bocartes, con una botella de vino para echarnos una buena siesta. Después ducha, siesta y a llevar la ropa a la lavandería. El Camino se está convirtiendo en un viaje de lujo, sólo nos falta el descapotable de la presentadora de un programa de viajes que vemos antes de quedarnos fritos.
Después, ante mi insistencia, vamos al médico, y a Inés le diagnostican una fascitis plantar (lo que yo ya sabía el segundo día, y no es por dármelas de listillo, jeje), y le dicen que guarde reposo 2-3 días, y que se toma Voltarén en pastillas. ¡Acabáramos! Y yo pensando que era una débil y una quejita por un simple dolor de pies. Me tranquiliza un poco saber que es algo más, pero siento pena por no poder seguir; lo siento también por Luis. Buaaaa
A las 3 me despierto y me doy cuenta de que tengo que cargar de fotos, y cuando la voy a cargar, con tanto ruido que hago, despierto a Inés. Luego dormimos más o menos bien, con la visita de algún que otro mosquito.
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