martes, 1 de septiembre de 2009

CAMINO DE SANTIAGO 2009. DÍA 5: AVILÉS - SOTO DE LUIÑA


11 de agosto de 2009

Nos levantamos con mucho calor. A las siete teníamos programado el despertador, pero a las seis y media decidimos levantarnos, porque somos muchos en el albergue y la gente, que ya se ha levantado, hace mucho ruido. Recogemos la ropa tendida, que sigue húmeda, y “Tiramos pa’ Santiago”. Encontramos una placita en calma y fresquita… la pareja de alemanes de ayer están haciendo Tai Chi y Luis les rompe la calma haciéndoles una foto.

En la cafetería desayunando tostada, rica, rica, zumo y té, aparecen y después de intercambiar planes de la etapa y deseos de buen Camino, seguimos. En la estación de tren decidimos andar un poco; ¡¡¡Luis quería volver a pasar por el Lidl y hacerse una foto.!!! Llegamos de nuevo a la playa de Las Salinas y de frente pasamos un túnel. La subida, aunque por carretera, es entretenida porque descubrimos los orígenes de los adosados.

En Piedras Blancas estamos una hora más o menos esperando el tren y entretenidos entre frutos secos, pises y conversación con una lugareña: ¡Cómo está esto de abandonado! Las farolas rotas y arrancadas. Otro lugareño nos explica el funcionamiento de los semáforos. Luego, siesta en el tren
(y experimentos con la cámara de fotos)… ¡alguno!.

Llegamos a Cudillero, y después de andar unos 10 Km. nos proponemos tomar algo y no andar más. Nos regalamos un banquete de chorizo a la sidra, parrochas y cerveza. El camarero nos explica que el cura de aquí aloja peregrinos en su casa. ¿Qué hacemos?, ¿dormimos aquí en casa del cura?, ¿volvemos a subir la cuesta hasta el autobús? Nos dicen que a Soto de Luiña se puede ir por la costa, y siguiendo un atajo está a unos 6 Km., así que decidimos coger el atajo.

Mientras comemos el chorizo y las parrochas aparece un “elemento” de Mataelpino, ¿cómo es posible que Felipe esté aquí? El mundo es pequeño y, a veces, algo desagradable. En contraposición unos franceses de la mesa de al lado, en familia, nos preguntan por el chorizo a la sidra y se lo damos a probar… C’est bon!!

Vaya con el atajo, de nuevo carretera interminable
que nos hace pensar que nos hemos perdido, y cuando empezamos a desesperarnos nos cruzamos con dos peregrinos, que también andan un poco “perdidos”, pero nos dicen que hay una carretera en obras más adelante, que es el dato que nos dieron en Cudillero. Nosotros seguimos hasta la carretera, y ellos hacia Cudillero. Tras un largo rato andando llegamos a las obras y hay un desvío del Camino, cerca de un hotel. En el hotel nos encontramos con otro peregrino y un paisano nos dice que Soto de Luiña está al lado ya. Seguimos andando, ya muy animados, y avistamos una playa preciosa, donde baja el Camino, y luego subimos a lo que creemos que es Soto de Luiña, lo atravesamos y no vemos el albergue, lo que nos hace pensar que nos hemos pasado, y tras andar otro buen rato por un camino en obras un tanto inhóspito, vemos a un señor, le preguntamos y resulta que está mucho más allá. Tras otro largo rato de carretera y un camino muy bonito, pero estrecho, por fin aparece Soto de Luiña. Los 6 Km. del atajo se han convertido en unos 15.

Llegamos al albergue, nos pasamos por el bar Ecu a sellar, y ya que estamos ahí, nos tomamos una cerveza, volvemos al albergue, nos duchamos, descansamos y vamos a otro bar a preguntar horarios de autobuses para el día siguiente, que vamos a descansar los pies, pero ahora de verdad. Nos tomamos unas cervezas, e intentando recordar sucesos nos entran dudas acerca de los tiempos en que han sucedido las cosas, y eso unido a que Inés no sabe si hablo en serio o en broma (más el cansancio y la pre-regla) hace que se le salte alguna lagrimita. SMS divertido y entrañable de Rafiki… tal vez algo de morriña también influye.

En éstas llama Carlos Giner y salgo a la plaza a hablar con él, dándose la casualidad de que mientras hablo con Carlos me encuentro con Javier “el cuñado”. Hablamos un rato, nos invita a cenar a su casa, pero declinamos la invitación porque es un marrón para ellos e Inés no les conoce de nada y le da algo de corte. Vamos a cenar a un bar que tiene menú del peregrino, pero como no nos atienden nos vamos al hotel del pueblo, que también tiene menú del peregrino, aparte de que el hospitalero del albergue tiene algo que ver con el hotel. Cenamos marmitako de bonito y trucha con jamón (Inés) y ensalada de pasta y jamón asado (yo). Después nos pedimos un ron con Coca Cola y una crema de orujo en vaso de plástico y nos vamos al albergue a tomarlo, tras lo cual vamos a dormir porque está muy nublado y no hay posibilidad de ver la lluvia de estrellas de las Perseidas. Mientras tomamos la copa hablamos con otros dos peregrinos que se están fumando un porro y comentando etapas coincido en la descripción del “hospitalero” (más bien le llamaría hostalero porque no merece el calificativo de hospitalero) de San Vicente de la Barquera (un auténtico gilipollas). Comentamos el hecho de que casi obligue a cenar a los peregrinos, y en contra de lo que yo pensaba, que era por dinero, resulta que es para que escuchen a su pareja cantar, con estrado y todo para mayor lucimiento de ella.

Nos acostamos cuando ya han apagado la luz, noche de mucho calor, pis madrugador y cremallera atascada de Luis. A media noche intento bajar la cremallera de mi saco, porque el calor es insoportable, y como está atascada desisto de hacerlo. Pero tengo tanto calor que lo vuelto a intentar, y tras un esfuerzo encomiable (y no sé cuándo ruido) lo consigo.

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