Construyo un muro día a día.
Un muro que me aleje de los sentimientos,
del dolor y de la pena,
del placer y la alegría.
Un muro que me aísle del mundo,
del bien y del mal
de ella… y de mí.
Construyo un muro día a día
con tesón y con esfuerzo.
Me prometo no volver a sentir,
no volver a llorar, no volver a reir.
Cada día el muro más alto,
más grueso, más fuerte.
Cada día más aislado.
De repente ella aparece,
y el muro se desvanece.
Caen a plomo mis barreras,
retorno a mi desnudez.
Vuelve entonces el delirio
mas poco dura el encanto
todo retorna a la apatía
cuando ella al fin se retira.
Y entonces regreso a mi muro
ladrillo a ladrillo
golpe a golpe
metro a metro
con arrojo y con denuedo
como Sísifo y su roca
deseando que ella reaparezca
para volver a empezar
a construir mi muro día a día
con la esperanza,
pobre de mí,
de que algún día ella lo derribe
y no haga falta volverlo a erigir.
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