Por fin casamos a Pilar… bueno, no la casamos nosotros, sino que lo hizo un juez, pero lo importante es que por fin se casó… y con Xavier, que es lo importante.
Y con esa excusa me fui a Barcelona el fin de semana; en principio iba con mi amiga Geli, pero su aparato digestivo le jugó una mala pasada y se tuvo que quedar en Madrid, así que con dos asientos para mí, me fui en el AVE. El viaje en AVE es una maravilla, sobre todo si eres propenso a dormir en el trayecto… la primera hora ni me enteré, y cuando me quise dar cuenta, ya veía el mar a mi derecha.
Me fueron a buscar a la estación de AVE Anna y Lourdes, y tras tomar unas cecrvecitas, Anna se fue a una cena familiar y Lourdes y yo, recordando viejos tiempos, en aquella marisquería que descubrí hace muchos años con mis amigos Ignacio y Carlos, y que en mi última visita (hace cuatro años), el nuevo dueño resultó ser compañero de cuartel en la mili (aunque no en la misma época). De cuatro años al día de hoy, había cambiado algo su fisionomía (la de la marisquería, no la del dueño), ya había dejado atrás el aspecto ligeramente cutre, y estaba bien pintada, con mesas y sillas nuevas, y hasta han cambiado la puerta de entrada. Eso sí, la calidad de los alimentos (por lo menos los que probamos Lourdes y yo, los asistentes a tal mariscada), sigue siendo la misma… fue una cena exquisita, tanto en la alimentación como en la compañía.
Y la excusa por la que viajé, llego el sábado por la mañana. Mucha emoción, mucha puntualidad (para que luego hablen de los funcionarios, jaja), una poesía dedicada a los ojos de Pilar (eso se lo dirá a todas) que a todo el mundo le pareció una horterada, pero que he de confesar que me gustó, una pseudohomilía del juez que les casó, algún murmullo cuando dijo eso de: “Si alguien tiene algo que decir…” (qué malos somos), y todo muy bonito cuando dijeron el “Sí, quiero”.
Después sesión de fotos, y al restaurante, con un patio para que los niños jugaran, un menú exquisito, con tarta para chuparse los dedos,
Después nos fuimos Lourdes (que me tuvo que soportar todo el fin de semana la pobre) y yo a cambiarnos, a cenar por ahí bajo la lluvia, y a dar una vuelta por las fiestas de su barrio, las típicas fiestas de barrio, con una orquesta maja (sobre todo las que bailaban, jaja). Después de unas cañas y unos bailes (de los otros), a dormir, que el día había sido muy largo.
Y el domingo tocó día cultural. Quedé con Anna (por cierto, tan encantadora en la realidad como en el Messenger) y nos fuimos a ver una exposición sobre Mercé Rodoreda, (escritora catalana del siglo XX), su vida y algunos de sus libros. Muy bien ambientadas las salas sobre sus libros, y la guía se notaba que estaba viviendo lo que explicaba, aunque como lo hacía en catalán, no me enteré de todo… digamos que de un 60% o algo más (que no está mal, jeje).
Posteriormente un paseo por Barcelona, recogida de la maleta, se unió Lourdes, y comimos en un italiano unas pizzas, y yo una tarta de chocolate bañada en nata montada, que estaba más rica la nata que la tarta. Y sin que me dejaran tomar unos chupitos, me acompañaron a la estación de Sants, donde cogí el AVE de vuelta, con otros dos asientos para mí (una pena), y sin darme apenas cuenta, ya estaba en Madrid de vuelta.
Y me alegro que no les pasara a nadie como a los del vídeo...
1 comentario:
Gracias y igualmente....
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