Dedicado a Kome, que lleva más de una semana sufriendo las inclemencias del CIE, según dijo el juez que lo envió ahí: “por ser negro y no tener trabajo”
De un tiempo a esta parte a la policía le da por retener personas que no tienen el mismo color de piel que la mayoría de los españoles, y pedirles la documentación. Si la tienen en regla, les dejan irse, no sin antes haberles dado un buen susto, pues no es del agrado de nadie que la policía te pare y te pida la documentación sin que hayas hecho nada malo.
Pero en el caso de que esas PERSONAS (no insistiré llamándolas PERSONAS HUMANAS, aunque a ciertos elementos del cuerpo policial y de la justicia española habría que decírselo hasta la saciedad, a ver si así lo entienden), no tengan su documentación en regla, les llevan a comisaría y si les da la gana, les encierran en el CIE (Centro de Internamiento de Extranjeros), donde les tienen 60 días incondiciones infrahumanas. Si es invierno, con una sola manta y muertos de frío; si es verano, hacinados, pasando calor, sin apenas comida y en ambas ocasiones expuestos a cualquier epidemia de tuberculosis, gripe A, hepatitis, etc.
Como parece que nuestro cuerpo policial está aburrido y no tiene mucho que hacer, ya que se dedica a detener personas inocentes cuyo único “delito” es haber buscado allende sus fronteras una vida más digna y evitar la pobreza, la inanición y la muerte casi segura de ellos y sus familias, les voy a dar algunas ideas para que pasen el rato y se dediquen a detener gente que, al menos, lo merece tanto o más que los pobres inmigrantes irregulares, que bastante tienen ya con el drama que están sufriendo en sus vidas.
• Pueden ir a cualquiera de las fábricas situadas al lado de los ríos españoles, y comprobar si sus vertidos cumplen la normativa o están contaminando impunemente nuestro media ambiente. Si no cumplen la normativa, se les podría detener y que los jefes estén unos días en el CIC (Centro de Internamiento de Contaminadores) hasta que solucionen el problema y paguen la consabida multa.
• También sería buena idea que fueran a alguna de los clubs de prostitución que hay en las carreteras españolas, y comprueben si las prostitutas están recibiendo un trato adecuado, o las tienen como animales vulnerando sus derechos. En este caso, podrían detener al chulo de turno, que seguramente también esté traficando con droga en el local, y hacerle pasar una temporadita en el CIS (Centro de Internamiento de Salvajes). Y esto lo podrían hacer a diario, no sólo muy de vez en cuando, porque eso da a creer que se hace por algún motivo extraño y que hay algo sucio entre la policía y los clubes de alterne.
• Igualmente pueden pasarse por los invernaderos donde trabajan de sol a sol los inmigrantes que han tenido mejor suerte, y comprobar si el dueño cumple con el horario de trabajo y da un jornal justo a sus empleados. Si no es así, les podrían enviar el CIE (Centro de Internamiento de Explotadores) para que estén ahí una temporadita penando sus faltas.
• Otra posibilidad es que se den una vuelta por los Ayuntamientos de las ciudades, y comprueben que los alcaldes y compañía no se aprovechan de su posición para favorecerse de las obras que tienen que hacer, ni se forran con las urbanizaciones y campos de golf que las constructoras realizan por doquier. Si hay por ahí algún delito, se podría internar a los alcaldes y constructores en el CIA (Centro de Internamiento de Aprovechados) y dejarles unos años pensando en la poca ética que han tenido.
• Y si aún les queda tiempo libre, que vigilen a sus compañeros y superiores, porque es probable que alguno de ellos esté metido en alguna mafia de tráfico de drogas, prostitución, redes internacionales, etc. Y si los descubren, aparte de relegarlos del puesto, que les lleven al CIS (Centro de Internamiento de Sinvergüenzas) donde deberían estar hasta que esas lacras desaparezcan.
Como se puede ver, hay muchísimas más cosas que hacer que detener pobres inmigrantes, que no hacen nada más que intentar buscarse la vida sin hacer daño a nadie, mientras a nuestro alrededor hay verdaderos contaminadores, salvajes, explotadores, aprovechados y sinvergüenzas que campan a sus anchas por sus ciudades sin que nadie les pare, e incluso muchas veces escoltados por las fuerzas del “orden público”.
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