domingo, 15 de junio de 2008

GENTES


AVISO: Es largo de cohone’ (uy, perdón, si es un blog para todos los públicos), pero creo que merece la pena.

Marta Mason dijo una vez que El hombre más rico del mundo no es el que conserva el primer dólar que ganó, sino el que conserva el primer amigo que tuvo. No estoy muy de acuerdo con esa frase, porque los amigos van y vienen, sobre todo el primer amigo, que lo hacemos cuando aún somos niños, y no es fácil que luego el devenir del tiempo facilite conservarlo.

Pero esa frase siempre me ha hecho pensar en la cantidad de personas que han pasado por mi vida…

Mi primer amigo (ése del que habla Marta Mason), lo tuve en séptimo de EGB. Me refiero a mi primer amigo elegido por mí, no a esos amigos que tu madre te dice que tienes que ser amigo suyo porque es de buena familia, y sus padres son amigos de los tuyos, y entonces tienes que ir con él a todos los sitios, aunque no tengáis nada que ver uno con el otro. Pues ese amigo, el que yo elegí, que se llamaba Fernando, fue mi mejor amigo durante unos años (en el colegio decían que parecíamos hermanos) hasta que se tuvo que ir a Navarra a vivir, al terminar 1º de BUP.

En 2º de BUP tuve otros amigos, compañeros de curso, pero como yo era muy bajito y fue la época en la que me pegaban en el colegio y medía 1,50, no me tomaban muy en serio, por lo que más bien era el chico del que se reían. Eso en tercero cambió algo, seguramente porque ya nos íbamos haciendo mayores y se nos iba quitando la tontería.

Pero cuando en COU cambié de colegio, ya no estaba dispuesto a permitir que se rieran de mí (también es cierto que ya había crecido hasta el 1,70 actual), así que entré con pie firme. Dio resultados, porque hice buenos amigos, que compartí con los del colegio durante ese año.

Al pasar a la Universidad, cambio total, ni unos ni otros. En mis años de veterinaria hice muy buenos amigos en esa facultad, amigos con los que compartí casi todo: juergas, fiestas, mujeres, alcohol, horas de bar (demasiadas), estudios (demasiado pocos)… pero como ellos seguía adelante y yo me quedaba estancado en segundo, los amigos iban cambiando, o más bien los compañeros de juergas.

Ahí fue cuando entré en una asociación, de cuyo nombre no quiero acordarme, pero que aún así me acuerdo (Iuve), y volví a hacer muy buenos amigos, que compaginaba con los de la facultad. Dejé veterinaria, entré en empresariales (digamos que casi obligado por mis padres), y ahí no tenía ningún interés por hacer más amigos, con los que ya tenía me bastaba. Así que mi paso por Empresariales (un año, porque enseguida me di cuenta que eso no era lo mío, y lo dejé) fue de lo más autista, con el que más contacté (o el que más contactó conmigo) fue con un chaval del Opus Dei, que no hacía más que llamarme para que me fuera a algo de lo que hacía. Hasta que se cansó de mis negativas…

Pero el dejar veterinaria hizo que poco a poco fuera perdiendo el contacto con la gente de ahí, y eso unido a que en mis nuevos estudios (Informática de Empresa en el CEU) conocí gente maja, derivó en que fui cambiando otra vez más de grupo de amigos, esta vez combinaba los de Iuve con los de informática. Justo en esa época fue cuando nos dimos cuenta de que Iuve se asemejaba más a una secta que a una asociación, y abandonamos la misma, llevándonos a unas 50 personas con nosotros, con la idea de crear otra asociación, igual que lo que proponía Iuve, pero de verdad; lo que pasa es que quien no tiene padrinos no se casa, así que la nueva asociación era una quimera, por lo que cuando nos dimos cuenta de ello, desistimos de la idea.
Eso me fue separando de ciertas personas con las que antes tenía mucho contacto (el hecho de dejar Iuve ya me había hecho romper con varios que se decían mis amigos, pero que al final sólo eran intereses), aunque con otros, mis amigos de verdad seguí relacionándome. Fue la época de los Cuatro Fantásticos (Xoanxo, Javier, Luisfe y Javi) y el hermano de uno de ellos (Carlos). Época brillante en experiencias, amistad, proyectos y sueños… pero Xoanxo se fue a Galicia (prodigiosa boda la suya), Javi Escribano se casó (antes que Xoanxo) y le dio por irse a vivir fuera de la capital y tener hijos, por lo que el contacto con él disminuyó, y Javi Barios empezó a salir con una chica maravillosa, con la que también se casó y tienen un Javito. Todo eso hizo que, aún conservando la amistad, el contacto sea mucho menor.

Eso unido a que al dejar Iuve entré en una parroquia (Buen Suceso), por medio de otra gran amiga que dejó Iuve, Ángela, y ahí conocí nueva gente, hizo que de nuevo mi grupo de amigos fluctuara y en la parroquia encontrara nueva gente para relacionarme. Estuvo bien unos años, sobre todo los años que empecé a disfrutar de la amistad de Casimoto , Ignacio Manzanedo, Anto, Carlos Giner y el Negro, entre otros (amistad con la que aún disfruto, en mayor o en menor medida), otra época gloriosa en mi vida, con viajes a Barcelona cuando algunos de éstos se fueron a vivir ahí, excursiones por casi todas las montañas de España (y hasta de Perú), recorrido por todas las fiestas de verano de los pueblos de Madrid (y Valdepeñas), veranos de terrazas de gorra, descubrimiento de La Latina, reuniones en Proyecto Hombre para intentar sacar de la droga a un antiguo feligrés, compañerismo en la convalecencia… pero éstos también se casaron, y con el resto de los parroquianos me faltaba algo (realmente sólo había congeniado bien con unos pocos, entre los que no quiero olvidar a Mamen, Luis Bañón y Olga), así que me fui buscando la vida (también en cierto modo producto del peor desengaño que he sufrido) por los amplios mundos de Internet.

Internet es un mundo paralelo, y las amistades de Internet tampoco varían mucho de las de la vida real. Uno de mis primeros amigos del chat, Waka, sostenía que las relaciones en Internet son como la campana de Gauss: empiezan muy fuerte, suben enseguida, pero duran poco en el cénit, y poco tiempo después se difuminan como la espuma. No la falta razón en la mayoría de los casos, pero no siempre es así.

Desde que entré en Internet han pasado por mi vida centenares de personas, unos muy esporádicos, otros muchos que han cumplido exactamente la teoría de Waka, otros que se mantienen ahí en la distancia, o sin acercarse mucho, aunque tampoco se alejan, otros que empezaron muy bien, y luego nos salieron rana, etc. Todo es, principalmente, merced a mi mejor creación “internética”, el grupo de senderismo, del que estoy orgullosísimo y con que he vivido (y espero seguir viviendo) muchísimas experiencias inolvidables.

Y por encima de todo, están amigos que han perdurado con el tiempo y siguen ahí, llenando mi vida de alegrías (y alguna que otra preocupación, como no puede ser de otra forma con los verdaderos amigos). Sin que nadie se sienta minusvalorado (aunque ya lo sabéis todos), en este grupo está por encima de todos Geli, pero también hay más amigos: Enrique, Yolanda, Anabel, Lourdes, Pilar… y otros muchos con los que llevo ya varios años gozando de su compañía (en el buen sentido de la palabra). Últimamente, como en estos años, ha entrado gente nueva a mi vida, pero aún es pronto para saber si serán amigos, conocidos, unos ejemplos más de la teoría de Waka, compañeros eventuales o quién sabe qué, así que dejo para futuros mensajes el resultado de lo que ahora estoy viviendo, aunque voto porque de esta época me llevaré más de una buena amiga…

Y claro, también hay que contar con los amigos de los amigos, que se pueden convertir en amigos propios, más aún si en vez de amigos es familia, y si son vecinos. Comparto con estos recientes compañeros de ruta (Ana y Marimé principalmente) cenas, conversaciones, tapeos, cumpleaños, teatros y alguna que otra aventura más…

Seguro que me queda más gente. Ahora viene a mi mente José Miguel, por ejemplo, del que ya he hablado en alguna otra entrada, sacerdote, uno de los fundadores, junto a Alberto y Víctor, dos bellísimas personas también, de Acoger y Compartir, que tuve el placer de conocer hace muchos años y con el que guardo una entrañable relación. Y de Acoger y Compartir hay más personas con las que comparto, al menos, la fe (no voy a dejar de nombrar a Obdulia y Manolo, de Granada), pero como esto no es una enumeración de amigos, sino una reflexión acerca de las personas que han pasado por mi vida a lo largo de estos casi 42 años, voy a dejar aquí la historia, y terminaré con la reflexión final a la que me ha llevado todo este rollo (si has llegado hasta aquí, que sepas que te lo podrías haber ahorrado, porque el resumen viene ahora, jaja).

Como conclusión final, me queda que por mi vida han pasado cientos de personas, algunas me han dejado más huella que otras, hay quien me ha marcado para siempre (demasiado, diría yo), y quien me ha absorbido energía (afortunadamente, se puede recuperar), pero por lo general el balance es muy positivo, y como me gusta llevarme lo mejor de todas las cosas, me siento orgulloso de la mayoría de las personas con las que me he topado, y con las que siguen formando parte de mi vida. Y es curioso, la persona que más en contra hablaba sobre Internet, es la persona que mejor ha interpretado la teoría de la campana de Gauss, lo cual me lleva a pensar que no hay apenas diferencia entre el mundo virtual y el real… lo que cuentan son las personas, no el medio en que las conozcas.

Gracias a todos los que han pasado por mi vida a los que aún siguen en ella, y a los que en un futuro serán parte importante de la misma.

P.D.- Algunos pensarán que el vídeo tiene cierto tufillo religioso, pero soy así, qué se le va a hacer…




1 comentario:

Remedios dijo...

Ahí estamos querido vecino, como poco compartiendo cenas los martes, y algunas aventurillas divertidas más, eso sí... nunca mais voy a ir a cenar al peruano...

Besos desde el ático